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10 NATURA, DISSENY I INNOVACIÓ, 1994

Biónica y diseño: testimonios de la evolución de esta aproximación


Las investigaciones de historia natural, hasta las que no parecen ser más que pura y vana curiosidad, pueden tener utilidades muy reales...
René-Antoine Ferehault de Réaumur Historia de las Avispas (1719)


La biónica es una ciencia relativamente reciente, definida tan sólo en 1960 por Jack E. Steele de la fuerza aérea de los Estados Unidos, después del congreso de Dayton, Ohio:

La biónica es la ciencia de los sistemas que tienen un funcionamiento copiado del de los sistemas naturales, o que presentan las características específicas de los sistemas naturales o hasta que son análogos a ellos (citado en Gérardin, 1968).

En otras palabras, la biónica es la ciencia que busca entre los seres vivos, animales y vegetales, modelos de sistemas en vista a realizaciones técnicas. Esta preocupación está muy cercana a la del diseñador.
La biónica, sin embargo, fue practicada mucho antes de su definición oficial. Se podrían sacar de la historia del arte y de las técnicas una serie de ejemplos que atestigüen el interés del hombre por los modelos naturales desde la más remota antigüedad. Algunos, como Dédalo e Ícaro, a quien se atribuye la invención de dispositivos de vuelo inspirados en los pájaros y la construcción de robots, nos han llegado tan sólo a través de los mitos.


Diseño del Renacimiento y renacimiento del diseño

No se puede dudar de que el testimonio más concreto —y el más perturbador— es Leonardo da Vinci, quien contempla al mismo tiempo el marco estricto de la biónica y del diseño.
El ejemplo de este genio del Renacimiento puede parecer demasiado antiguo. Peto realmente es de una gran actualidad, ya que Leonardo llevó la elaboración de su obra desde la fuente de inspiración —la naturaleza— hasta su realización material definitiva. Se le puede ver, sucesiva y conjuntamente, como dibujante, pintor, ingeniero, arquitecto, escultor, anatomista y naturalista en el sentido amplio. Era «diseñador», eso es, «dibujante» en el sentido literal de la palabra, haciendo tanto los diseños de análisis como los dibujos de síntesis de sus proyectos.
La biónica parece haber sido para Leonardo da Vinci una práctica creativa evidente. Con ojo de técnico, analizaba, observaba y diseccionaba las estructuras naturales, hizo de ellas innumerables diseños anatómicos, y se abocó a una transposición de principios a través de realizaciones a otra escala y en otros materiales. Sus obras atestiguan este paso natural entre comprensión y creación, entre análisis y síntesis, entre hipótesis y experimentación.
Podemos constatar que, durante el último decenio, el trabajo del diseñador, considerablemente ampliado, se ha hecho una actividad de generalista, globalizante, pareciéndose en esto al papel que tenía el artista-técnico durante el Renacimiento.
Parece evidente que la biónica debería aportar igualmente al diseñador actual este método de creatividad, de verificación de la validez de nuevas construcciones, una diversificación de las formas destinadas a funciones precisas.


Desarrollo de los conceptos de la biónica

Cuando uno considera las diferentes aproximaciones a la copia de la naturaleza desde el fin del siglo pasado, estaría tentado a reconocer una sucesión de muchos períodos que llevan de la inspiración artística al análisis técnico para desembocar en desarrollos teóricos.


«Kunstformen der Natur»
(formas artísticas en la naturaleza)

Esta antología, publicada por el biólogo alemán Ernst Haeckel en 1893, tuvo una gran influencia en los artistas e ingenieros de su época. Junto a sus actividades como biólogo, trató de llamar la atención sobre la admirable diversidad de formas que ofrece la naturaleza.
En la época de las primeras expediciones oceanógraficas, abrió, entre otras cosas, el catálogo de las
formas microscópicas del plancton, ejecutando él mismo dibujos de una gran precisión y de una rara elegancia.


«On Growth and Form»
(sobre el crecimiento y la forma)

La obra de Sir D'Arcy Thompson, On Growth and Form (1917), fue en su época un verdadero best-seller, ya que reunía y hacía accesibles los documentos relativos a este tema. Mostraba que la forma en sus proporciones y en su comportamiento mecánico no podría ser entendida sino conociendo su génesis.


«Evolutionsstrategie»
(estrategias de la evolución)

Más allá de la imitación de los principios físicos de los sistemas naturales, debemos a Ingo Rechenberg una apertura a un reino original de reflexión. Este autor se propone aplicar el «método de la innovación» de la naturaleza. La fusión de las mutaciones genera un verdadero brainstorming, por el cual la criba de la selección natural representa un análisis de valor. Posiblemente deberíamos recordar que el brainstorming procede del enunciado de todas las ideas, sin censura previa y sin jerarquización. Rechenberg modifica de forma aleatoria los parámetros de los sistemas que experimenta, y no retiene más que aquellos que aportan una mejora al sistema. Estos principios se consiguen en su obra de 1973, cuyo título es bastante explícito: Estrategia de la evolución. Optimización de los sistemas técnicos según los principios de la evolución biológica. Rechenberg fundó uno de los pocos institutos de biónica: Biónica y Técnica de la Evolución, que constituye un departamento de la Universidad Técnica de Berlín.


Forma y función

La relación forma-función es sin duda el aspecto de la biónica que toca más especialmente al diseñador. Queremos decir con esto que otros aspectos como por ejemplo los principios físico-químicos del funcionamiento de ciertos órganos sensoriales no son de su incumbencia.
Al contrario, innumerables trabajos de biología tratan el doble aspecto de la relación forma-función. Es el reino de la morfología funcional.
Por sus soluciones muchas veces inesperadas, la naturaleza esconde una riqueza en la cual los diseñadores estarían bien inspirados si las indagaran.
Los modelos pueden ofrecer soluciones semejantes de cara a un problema preciso, ya que los organismos vivos tienen un parentesco estrecho. Los biólogos hablan de paralelismo.
Es así que los peces presentan dos tipos principales de aletas: las de los nadadores lentos y las de los nadadores rápidos. Para la natación lenta, la aleta es larga y flexible (carpa china). Por el contrario, la forma de hoz caracteriza a los nadadores rápidos como el atún y la caballa.
Sucede también que dos seres vivos sin parentesco adoptan una misma solución de cara a un gran problema. Los biólogos hablan en tal caso de la convergencia.
La adopción de un sistema de aletas caudales para la propulsión dentro del agua tanto en los mamíferos (delfines, ballenas) como en los peces revela la convergencia.


La aleta caudal: propulsión por bayona


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Figura 1:

La naturaleza no conoce el movimiento de rotación alrededor de un eje. La propulsión por oscilación de una aleta, como la practican los peces y las ballenas, tiene el inconveniente de la parada de movimiento en cada batido. Pero la técnica retiene soluciones en el reino de la forma general de la aleta y de su flexibilidad, así como en el principio de propulsión por oscilaciones y el efecto de «bombeo».

a) 
Radiografía de una aleta de trucha y, sobrepuesta sobre su modelo, una quilla flexible para la propulsión de un barco (Ingo Rechenberc y Werner Voss, 1982).
b)  Aleta de rorcual azul (vista escorzada) y el prototipo de un monopalma (FFNS, Francia, 1985).
c)  Bomba con superficie oscilatoria rígida (Klaus Affeld y Heinrich Hertel, 1973).
Sea lo que sea trátese de un fenómeno de paralelismo o de convergencia, la selección de una misma forma para un mismo sistema subraya el interés del sistema retenido por la naturaleza.

La forma de huso se impone en todos los nadadores rápidos. Pero es necesario llamar la atención sobre el hecho de que la naturaleza ha ido más allá de los beneficios de la forma sencilla. Ha retenido muchos sistemas que mejoran el deslizamiento dentro del agua, tres de los cuales han dado lugar a aplicaciones biónicas (figs. 2 y 3):

-  La piel amortiguadora visco-elástica del delfín: revestimiento Laminflo (para cascos de barcos y submarinos).
-  La mucosidad de peces rápidos como la barracuda: el polyox (óxido de polietileno) para submarinos, y «lubricación» adicional para extintores de fuego.
-  Las microestructuras de la superficie de las escamas de tiburones rápidos: revestimiento de microsurcos de 3M/Minnesota (para barcos y aviones).


Los límites de la relación forma-función

Los biólogos advierten del peligro de una interpretación demasiado reductora que consiste en atribuir una forma a una sola función, ya que todo el mundo sabe que un organismo ha de satisfacer múltiples funciones cuyas exigencias son a veces contradictorias.
Tomemos un ejemplo de los peces: un nadador rápido como la trucha no puede ofrecer una forma hidrodinámica ideal que dé lugar a un flujo casi laminar, que le permita deslizarse dentro del agua sin provocar turbulencias. Tiene que poseer, para asegurar esta propulsión, en primer lugar unas aletas, pero también tener la posibilidad de alimentarse, de respirar, de ver. Las aletas, la boca, las agallas, los ojos, aportan al mismo tiempo relieves que perturban el deslizamiento... ¡Pero he aquí que la trucha se mantiene, por ahora, aparentemente inmóvil de cara a la corriente y sin esbozar un movimiento!
El físico de origen rumano Henri Coanda, al preguntarse sobre este curioso fenómeno, formuló la hipótesis del famoso «efecto Coanda»: el agua que entra por la boca y que sale por las rendijas de las agallas genera alrededor del cuerpo del pez un deslizamiento perfectamente laminar, provocando un efecto de aspiración que asegura su natación estacionaria. No tenemos, de hecho, conocimiento de una verificación de esta hipótesis por parte de los biólogos, pero Coanda pudo desarrollar aplicaciones basadas en el «efecto Coanda» en su primer avión turbo-hélice (1910) así como en el control «fluídico» (fig. 4).
Los tubos de escape de los autobuses londinenses tienen un diseño con «efecto Coanda», que asegura una combustión casi total que evita un aporte de polución a la ciudad (cf. P. J. Grillo, 1960).
La observación de la naturaleza con un espíritu despierto puede interpelar y conducir a una innovación técnica.
Si hemos elegido ilustrar este capítulo sobre las relaciones forma-función con ejemplos tomados de los problemas de la propulsión dentro del agua, es porque nos parecen altamente simbólicos de la competición. Queremos decir que la competición lleva a la selección de los sistemas más competitivos, los que dan la mejor relación «calidad-precio».


El pez rápido: fuselaje hidrodinámico


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Figura 2:
a)  Los peces rápidos, como esta caballa Loo, presentan perfiles biconvexos característicos de una buena penetración dentro del agua.
b)  La misma forma puede ser aplicada igualmente a otro «fluido» como el aire. El avión Aérotorpille de los ingenieros V, Tatin y L. Paulhan, de 1911, posee un fuselaje que recuerda la forma de un pez y que tiene propulsión de hélice montada en la cola.
c)  Pez piloto mecánico para guiar barcos, patentado en 1905 por el noruego Cornelius Lie.


El delfín: un fuselaje hidrodinámico


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Figura 3:
a)  Avión clásico con fuselaje cilíndrico, un DC8.
b)  Maqueta de silicona de un delfín para estudios hidrodinámicos.
c) Proyecto de un avión con perfil llamado laminar, inspirado en el del delfín (H. Hertel, P. Thiède, K. Affeld, G. Clauss, del Instituto de Aeronáutica de Berlín, ILTUB, 1966-1969).
d)  Una depresión debajo de la cabina de pilotos de un avión puede corregir la perturbación del deslizamiento causada por el elemento saliente. Proyecto de Heinrich Hertel siguiendo sus observaciones sobre la forma de un melón y de la aereación del delfín (1969).


La trucha inmóvil en la corriente: ¿un -efecto Coanda»?


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Figura 4:
El primer avión turbo-hélice de la historia de la aviación construido por Henri Coanda, expuesto en el Salón de la Aeronáutica en París, 1910. Según el amigo del ingeniero, el diseñador Jacques-Paul Grillo, éste sería un invento biónico. Coanda habría formulado la teoría del efecto que lleva su nombre observando peces rápidos en alta mar y truchas en los ríos y reflexionando sobre el papel hidrodinámico de las rendijas de las agallas.

Conjuntamente con nuestros propósitos, tenemos que citar los testimonios de autores que son célebres en el diseño y la biónica.


De la utilidad de la investigación en la historia natural

[...] Las investigaciones de historia natural, hasta las que no parecen ser más que pura y vana curiosidad, pueden tener utilidades muy reales que serían suficientes para justificarlas ante los mismos que querrían que no se buscasen más que cosas útiles, si antes de condenarlas se tuviera la paciencia de esperar que el tiempo enseñe el uso que se les puede dar [...] (René-Antoine Ferchault de Réaumur, Historia de las avispas [1719]).

Debemos a De Réaumur el reinventar el papel de fibra de madera —técnica practicada hace mil quinientos años por los chinos, pero desconocida en Europa. La observación de las avispas que fabrican una pasta de madera para construir sus nidos inspiró a De Réaumur la idea de reemplazar la reía por materiales vegetales menos caros. Pero no fue hasta 135 años después de la publicación de su propuesta que vio la luz del día la primera desfibradora de madera (Gottlieb Keller, en Alemania).


El «diseño» del mundo vivo

Desde tiempos inmemoriales ha sido a través de la «causa final», por el concepto teleológico del fin, propósito o «diseño», en alguna de sus múltiples formas (porque sus maneras son varias), que el hombre ha acostumbrado explicar los fenómenos del mundo vivo.
[...] el camino del físico es buscar no tan sólo los fines, sino más bien los antecedentes; encuentra las «causas» en lo que ha aprendido a reconocer como propiedades fundamentales o concomitantes inseparables o leyes invariables de la materia y la energía (D'Arcy Thompson. 1917, vol. I, pp. 5-6).


La bardana: un sistema para enganchar


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Figura 5:
La bardana Arctium lappa, fotografiada en otoño (a). El suizo Georges de Mestral patentó en 1951 la cinta Velero (velours «terciopelo» + crochets «ganchillos»), inspirado en el sistema de enganchado de los frutos de esta planta. Una parte de la cinta lleva rizos seccionados que hacen de ganchillos, similares a los ganchillos flexibles de la planta; la otra parte lleva rizos finos parecidos a los rizos del pelaje de un animal, en los que los ganchillos se pueden enganchar. Adoptada inicialmente por la NASA, este invento biónico ha conquistado poco a poco todos los sectores de nuestra vida diaria: el sistema no necesita instalación especial (b).


Rémiges anguladas: un «reactor» en la punta del ala


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Figura 6:
Molino de viento «Berwian» de Ingo Rechenberg que explota el efecto del remolino compuesto. Las puntas de las alas activas están giradas hacia el centro, donde se pone la turbina. El molino de viento fue optimizado por el método de la «estrategia de la evolución» a muchos niveles (número y posición de las aspas, perfiles, etc.).


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Figura 7:
Ingo Rechenberg, del Instituto de Biónica de Berlín, demostró que las rémiges, las grandes plumas de las puntas de las alas de grandes aves como los rapaces, reducen las pérdidas de energía.
Su disposición en cascada lleva a la formación de remolinos marginales que se autoorganizan en una trenza helicoide en el interior de la cual la columna de
aire se acelera. Surge un efecto de reactor en la punta del ala.

a)  
Cóndor de los Andes.
b)   «La Cigüeña», planeador experimental de Otto Lilienthal (1894).
c)   Remolino marginal simple en la punta de un ala truncada, responsable de una gran pérdida de energía.
d)   Remolino compuesto, mostrando el efecto de las «aletas» múltiples, análogas a las rémiges de las aves.


Principios físicos del vuelo

El hombre ha intentado, miles de veces, imitar a las aves. El género humano ha fabricado y probado un número infinito de alas sólo para descartarlas enseguida. Todo ha sido en vano y de nula utilidad para llegar a este fin tan esperado.
El verdadero vuelo libre sigue siendo hasta hoy un problema para la humanidad, como lo ha sido desde hace miles de años.
No queda más que renunciar completamente a los medios de sustentación por gases ligeros y debemos entonces renunciar al uso de globos inflados y explotar estos efectos grandiosos de vuelo del mundo animal; nos queda tan sólo aprovecharnos de un método de vuelo en que no se usa más que cuerpos de alas no muy gruesos, que ofrecen muy poca resistencia al penetrar el aire en dirección horizontal.
Los animales que vuelan son capaces, mientras mantienen este principio, de levantarse y efectuar una rápida propulsión a través del aire. Si deseamos, entonces, aprovechar igualmente las ventajas de este principio, convendría encontrar la explicación de este efecto de vuelo. La reducción de tal efecto a su causa se hace a través del justo conocimiento de los procesos mecánicos; y es la mecánica, la ciencia de los efectos de las fuerzas, la que nos da los medios para explicar estos mecanismos.
El arte del vuelo es, entonces, un problema cuyo tratamiento científico depende esencialmente de los conocimientos de mecánica. Las reflexiones necesarias son, sin embargo, de naturaleza relativamente sencilla, y vale la pena echar una mirada sobre las relaciones del arte de volar y de la mecánica (Lilienthal, 1889 ; 6-7).


Principios de morfología

Desde que uno oye por primera vez a un biólogo decir, en lenguaje claro, que bajo la forma de un animal siempre hay que ver la función, o hasta cuando insiste, de forma precisa, sobre las relaciones que unen la forma del cuerpo y su actividad funcional, uno se siente un poco desorientado por la multiplicidad de imágenes que así se evocan.
Si no, veamos: esqueletos, movimientos de rotación, ondas líquidas, gravedad, viento, tensión de superficie, torsión, dilatación o retracción paralelas, crecimientos variados, torbellinos, presiones, etc.; a cada una de las formas que hemos visto está asociada, en efecto, una cosa que funciona, un funcionamiento [...].
Con las cadenetas, tenemos la gravedad, eso es, un régimen de fuerzas constantes y paralelas; y con la vela inflada, que también tiene un perfil de cadenetas, tenemos igualmente un régimen de fuerzas constantes y paralelas, el del viento regular [...].
Con las espirales logarítmicas y las superficies espirales, tenemos un fenómeno que se renueva, siempre igual a sí mismo.
De donde tenemos este segundo punto: ya que dos o más formas son de la misma especie, puede haber alguna cosa en común en los correspondientes funcionamientos respectivos [...].
En realidad, todo pronóstico es imposible, y es indispensable, en presencia de dos funcionamientos que tienen algo en común, precisar este algo, si es que existe, y determinar los límites con rigor.
Después de lo que ya hemos dicho, se puede dudar de cuan peligroso aún puede ser el simple «parecido» (Monod-Herzen, 1956 : 144-145. Véase fig, 8, que ilustra algunos ejemplos citados).


Analogías entre fenómenos físicos o realizaciones técnicas y organismos


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Figura 8:
(a-b) Hidromedusa, Polycanna germánica (Haeckel) y la evolución de un torbellino en un líquido (K. Mack). (c-d) Sistema de geodésicas cruzadas en la pared de una vorticela, animal acuático unicelular microscópico (Schaefer), y sobre un cesto japonés.
Figuras tomadas de la obra de É. Monod-Herzen (1956).


De la riqueza de las formas naturales

La observación de las formas naturales ofrece un apoyo maravilloso: podemos divisar allí una fuente inagotable de combinaciones al servicio de la vida. En la admirable obra Growth and Form, de D'Arcy Thompson, se descubre una riqueza extraordinaria de formas naturales y el estudio de su crecimiento. ¿Cómo no mencionar también los trabajos de Monod-Herzen que fue el primero en señalarnos los problemas planteados por esos delicados y extraños organismos llamados radiolarios?
Ningún arquitecto debiera ignorar el trabajo del zoólogo Ernst Haecket, un repertorio prodigioso de formas y de temas de construcción, desde las arborescencias múltiples hasta las redes más complicadas. Estoy convencido de que el futuro de las estructuras está encerrado en estos misteriosos arreglos.
La naturaleza nos ofrece un abanico de secretos que no se revelan más que con mucha paciencia y amor [...] (Le Ricolais, 1935-1969).


La hoja del nenúfar gigante: arquitectura de nervadura


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Figura 9:
Vista interior del Crystal Palace (Palacio de Cristal) de Londres, construido por Paxton en 1851 para albergar la Exposición Universal. Notemos los apoyos múltiples que corresponden igualmente al principio estático de la hoja flotante de la Victoria amazónica, en cuya construcción se inspira: la hoja no es una estructura que vuela sobre su tallo, sino toda la superficie de nervadura la que se apoya sobre el agua.


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Figura 10:
a)   La hoja flotante del nenúfar gigante Victoria amazónica puede alcanzar diámetros de 2 metros. Debe su rigidez a las nervaduras radiales y a las nervaduras concéntricas de la cara inferior, así como al reborde curvado hacia arriba.
b)   Nenúfar fotografiado en un invernadero del famoso Jardín Botánico de Kew, cerca de Londres.
c)   Invernadero de techo plisado, todo de vidrio, construido por el jardinero y arquitecto amateur Sir Joseph Paxton en Chatsworth, en 1849, Este invernadero, cuyos principios de construcción se inspiran en la hoja de Victoria amazónica, abrió el camino a la industrialización en materia de construcciones ligeras. Constituyó la prefiguración del Crystal Palace de Londres.


Estructura ósea: arreglo óptimo de la materia


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Figura 11:
a)   Representación esquemática de la distribución en la materia ósea en el interior de un fémur humano.
b)   Sección de un fémur que hace aparecer las finas láminas llamadas trabéculas, del hueso esponjoso.
c)   Capaz de reaccionar a las contracciones mecánicas reales (el peso del cuerpo que incide oblicuamente, la tracción de los músculos, etc.), esta materia se redistribuye constantemente, orientando los elementos de su estructura a lo largo de las líneas medias de fuerza (por depósito, por la reducción de materia).
d)  Trazado de las nervaduras llamadas isoestáticas de un plafón de cemento armado, dentro del Auditorio de Biología de la Universidad de Freiburg im Breisgau, Alemania. El principio estático retoma una técnica, aplicando este principio de la distribución «natural» de la materia, que fue patentado por el arquitecto italiano Pier Luigi Nervi en 1950.
e)   La Torre Eiffel (1889) en Paris debe su sabio «diseño» a un alumno de Culmann, el ingeniero de Alsacia Maurice Koechlin. Una distribución ideal de la materia garantiza la eficacia mecánica de la torre de 300 metros: ¡las 7.000 toneladas de acero cabrían dentro de un cubo de tan sólo 10 x 10 x 10 metros!


Mínimo, máximo, óptimo

La idea de la «estructura» invade el campo de nuestros conocimientos. De hecho, más que de la estructura en sí misma, importa la Estructura de las Estructuras, si se me permite el pleonasmo. Uno ve dibujada la evolución intelectual en curso, en que la calidad se impone sobre la cantidad, con el surgimiento de la idea matemática de la variación.
Ha sido justamente subrayado que la naturaleza misma de los objetos que consideramos importa menos que sus arreglos. Y más allá de toda analogía poética, las formas, las substancias, la vida misma no son más que los resultados de estos arreglos...
La constante de nuestro universo es el cambio. Nuestra única esperanza de comprehenderla es estudiar lo que permanece invariable en el curso de este cambio. A través de los siglos, el deseo del constructor siempre es el mismo; franquear espacios inmensos con materiales imponderables, es decir, de poco peso. (Le Ricolais, 1935-1969. En otro lugar —«El deseo del constructor»— se expresó de forma todavía más punzante: espacios infinitos, peso nulo.)
[...] los autores Stefan Hildebrandt y Anthony Tromba nos dan una reflexión meditada de la simetría y la regularidad de las formas y los patrones de la naturaleza. Aunque muchas veces es fácil verlas, estas formas y patrones no siempre son tan fáciles de explicar. ¿Hay leyes universales sencillas que nos permiten entenderlas? [...]
Es la historia del desarrollo de la rama de matemáticas llamada el cálculo de variaciones, que concierne cuestiones de optimización —hallar formas o patrones que maximizan o minimizan una cantidad particular. ¿Es el iglú la forma óptima de casa que permite la pérdida mínima de calor al exterior? ¿Es verdad que las abejas usan la mínima cantidad posible para construir sus celdas hexagonales? Es más, ¿hay un principio subyacente que describe la variedad infinita de formas de nuestro mundo?
Estas preguntas no tienen una respuesta final, pero los científicos continúan explorando la idea de que la naturaleza se rige por el principio de la economía de medios —-que la naturaleza procede de la manera más sencilla, más eficaz [...] (Hii.debrandt & Tromba, 1985. Texto introductorio de la portada).


Hueso helicoidal del pitón y la juntura tronco-rama de un árbol: perfiles elásticos muy resistentes


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Figura 12:
a-c) Los diseñadores daneses Rud Thygesen y Johnny Sorensen supieron dar a este asiento de madera ligereza, solidez y sobriedad económica, cuidando particularmente el detalle de la inserción del pie del respaldo en el anillo horizontal del asiento. Imitaron el detalle de la juntura de una rama en el tronco de un árbol, donde «la naturaleza resuelve este problema por el arreglo astuto de las fibras y las proporciones justas» (1981,en J. Beknsen, 1983).
d)   El hueso de pterigoideo detrás de la mandíbula superior del pitón constituye, con el hueso cuadrado, una doble articulación muy especial que permite a la serpiente ingerir presas de considerable volumen, en un solo trozo.
e)   Plan geométrico de este perfil helicoidal de tres ramas.
f) Proyecto de sillas en fibra de vidrio y poliéster, de Fabrice Vanden Broeck (1984). Ciertos detalles, notablemente al nivel de las junturas pie-asiento y pie-asiento-respaldo, se inspiran en el hueso pterigoideo donde se ejercitan presiones semejantes.


Nidos de abejas: mínimo de material, óptimo de resistencia mecánica


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Figura 13:
Prototipo de un fajo alveolar para el sistema de refrigeración de una central térmica (1989). El diseñador Norbert Linke, de General Electric Plastics, Holanda, acababa de seguir una conferencia en que uno de nosotros (B. Kresling) había hecho la demostración de la evolución en el arte de construir de las abejas, desde las celdas sobrepuestas de las abejas solitarias hasta las celdas en grupo de las abejas sociales.


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Figura 14:
a)   Principio de agrupamiento de los alvéolos de las abejas sociales. El fondo común está realzado. Este arreglo garantiza una excelente relación «economía de material - estabilidad del conjunto».
b)   Técnica de estructura «sandwich» con adornos planos.
c)   Estructura «sandwich» de un esquí náutico con intercalado tipo nido de abeja (Reflex, Grupo Zodiac, Francia).


El ala del murciélago: ¿vuelo de aleteo o vuelo de planeador?


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Figura 15:
A pesar de los problemas de estabilidad de vuelo que planteaba este invento, «el murciélago» (avión núm. 3) de Clément Ader (1893-1897), es una obra maestra de ingenio. Construido con «huesos» vacíos, madera y corcho, el avión pesaba sólo 450 kilos, a pesar de su imponente envergadura de 15 metros.,.


La perfección de las conchas


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Figura 16:
Las conchas más antiguas del universo son las costras de las estrellas que se enfrían [...]. Se les puede comparar con la cáscara de un huevo: se forman en la superficie de gotas líquidas en movimiento. En la prehistoria más remota, hace unos 400 millones de años, la naturaleza viva aprovechó el hecho de que una estructura curva es de 50 a 100 veces más resistente que una estructura plana del mismo grosor. Esto significa que el envoltorio protector alrededor de los microorganismos frágiles puede o reducir el gasto de material y de peso, u obtener un grado superior de protección. Esto ha llevado a una verdadera explosión de la difusión de estas estructuras en concha [,...]. Concretadas, constituyen las numerosas cadenas de montañas de nuestra tierra. Los lechos sedimentarios pueden llegar a 1.000 metros de grosor y extenderse sobre centenares de kilómetros.
En toda la naturaleza viva, las conchas son omnipresentes: la cáscara del huevo, los carapachos quitinosos de los coleópteros y otros insectos, la caja craneal abovedada, los carapachos protectores de las tortugas, los picos de las aves y la mayor parte de los huesos, son estructuras tubulares, y así conchas, tanto como las cañas de trigo, de maíz o de bambú. Las semillas se protegen con cápsulas de paredes delgadas, las nueces se engloban en cáscaras coriáceas, y, como dice el dicho, -tiene el coco duro como una nuez».
La observación más sorprendente que he podido hacer es que prácticamente todos los pétalos o cálices de flores son conchas. Sea el pétalo simple de una flor de cerezo, la campana de una digital, el cáliz de un lirio, de un tulipán o un junquillo del bosque, la forma compleja de una zapatilla de Venus o de una de las variedades de las maravillosas orquídeas, todas estas flores son conchas de paredes delgadas con doble curvatura. Desde el punto de vista de la estática, son muy refinadas, resistentes a las fuerzas del viento con un mínimo de gasto de material. Además, tienen tan sólo un punto de apoyo, cosa que todavía no sabe hacer nuestra técnica de ingeniería. Su diseño muestra una elevación o un descenso del borde de la concha, el medio más sencillo para reforzar el borde (y de evitar una pesada viga).
Pienso que las flores —plantas vivaces o leñosas— no presentan sólo el tipo de concha más frecuente, sino que son también las de mayor belleza. Ofrecen una perfección suplementaria: son estructuras cinéticas. Según la necesidad, pueden variar su forma a fin de abrir o cerrar la flor, o hasta con el fin de ayudar al proceso de la polinización. Así, vemos que un insecto que penetre en una flor, como la del perrito, dispara todo un mecanismo por el sencillo cambio de curvatura y profundidad de la corola. Esta idea todavía no ha hallado una aplicación en el reino de la construcción. Pero la posibilidad es bien real y la transformación de la forma podría hacerse sin daño: bastaría desplazar los puntos de apoyo. Nos esperan innovaciones interesantes [...] (Isi.er, 1989:135-136).


La concha de Santiago: ondulaciones superpuestas


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Figura 17:
a) Dibujo del ingeniero francés Robert Le Ricolais de la concha de Santiago, Pecten jacobeus. A las ondulaciones de la válvula curva se añaden finas canalizaciones cuyo número aumenta con el crecimiento de la concha.
b-c) Le Ricolais aplicó el principio estático de esta concha —curvas opuestas y ondulaciones cruzadas— a formas cilíndricas como los soportes y los paneles compuestos (1935). El panel Isoflex, un sistema de toldos ondulados cruzados, juntados con soldadura, es siete veces más resistente a la torsión que un toldo ondulado plano.


El ordenador en la escuela de la naturaleza

El que quiere en nuestros días desarrollar un nuevo modelo de automóvil, no empieza por intentar penetrar en todos los secretos del diseño de las carrozas de correo, para continuar por rehacer en su mente todos los modelos esenciales de la historia del automóvil, y llegar por fin, con un cierto retraso, al problema en sí. Más bien examinará los mejores tipos que ofrece el mercado e intentará encontrar en qué puede mejorarlos; mejora que él introducirá en su propio ingenio, que le da esperanza. Así, partirá del mejor diseño conocido y comparará su rendimiento con aquél.
Es todavía más sorprendente que se haya invertido hasta hace pocos años, y con tanta timidez, el money and man-power (poder monetario y humano) en el estudio del diseño de la naturaleza, al que no se puede aportar casi ninguna mejora. Claro, el que quiera obtener; por ejemplo, un taladro de forma óptima, ultraligero, muy duradero, puede buscar entre montones de huesos o elementos de árboles antes de encontrar —si es que puede— cualquier cosa de valor para llevar a casa.
La duda de que las cargas de funcionamiento a que está actualmente adaptado el elemento biológico correspondan a las condiciones a las que será sometido el taladro en servicio normal, tal como se prevé, oscureció el ceño del optimista más notorio y lo volvió angustiado. El problema es, entonces, que un elemento constructivo singular (biológico] no puede ser copiado y no es un prét-á-porter; partiendo de aquí, el problema se presenta de otra manera: se trata de crear un método capaz de dar componentes con calidades de ligereza y durabilidad comparables a las del diseño biológico. Con este método, no sería forzoso ir a parar al fémur de un perro, a la garra de un tigre ni al ala de un ave, pero podrían ayudar a diseñar un taladro, ya que ofrecen todas las calidades características de un diseño biológico. Este problema fue resuelto en el KfK (Centro de Investigación Nuclear de Karlsruhe) con el desarrollo del método CAO (Computer Aided Optimization [Optimización Ayudada por Ordenador]). Para dar la prueba de que este método realmente establece este óptimo de una configuración biológica al medio de crecimiento simulado por ordenador, fue verificado en la aplicación de numerosos ejemplos biológicos. Se demostró que se puede simular efectivamente con el CAO tanto la cicatriz dejada por una rama sobre el tronco de un árbol como la configuración de los injertos de rama en un árbol; también se puede simular perfectamente la garra de un tigre o de un oso, las formas de las espinas de las plantas y el proceso de curación de fracturas de hueso, etc. Por eso se ha podido saber que este método CAO es válido para hacer desarrollarse los componentes de máquinas hacia un óptimo biológico (Mattheck, 1992: 14).


Los árboles: modelos para la industria


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Figura 18:
a) Formación accidental de un encañizado sobre un castaño por una rama que suelda tas dos ramas principales.
b-d) El físico Claus Mattheck dio la «tarea» al lógico del CAO al optimizar un detalle semejante donde dos cilindros se unen por un travesero y que reciben los mismos requisitos mecánicos que el árbol en la naturaleza. Las zonas gruesas de anillos de crecimientos corresponden a un dispositivo que impide la aparición de contracciones excesivas. El aporte de material en el transcurso del tiempo no es sensible más que a las partes libres de los troncos y sobre la juntura misma. El lógico, una vez aprendido de los árboles a optimizar las estructuras, puede prever los fenómenos en otros casos de figuras: la eficacia del método CAO se verifica y la vista del diseñador se agudiza...
e-i) Optimización de un anillo de una cadena por el mismo método de CAO (C. Mattheck, 1992. FEM: Susanne Burkhardt, Juergen Schaefer).


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Figura 19:
El «biodiseño» del Art Nouveau introdujo formas «vegetales» en la producción industrial por el anhelo de elegancia y de la apariencia de ligereza. Desde el punto de vista técnico, las construcciones como los edículos de las estaciones del metro de París (1900) o los muebles de Héctor Guimard son de tipo «barra y nudo». Gracias a las junturas cuidadas y a una triangulación sistemática de los elementos, estas estructuras son mecánicamente mejores que las trazadas con compás. Pero las formas no traducen realmente las de las plantas, que no conocen tal triangulación más que accidentalmente (la fotografía muestra la rama de un gran tilo en la avenida de Foch, París). El detalle de la palangana del emú se aproxima todavía más, sin duda, a las estructuras metálicas de Guimard. La imitación de estas formas biológicas no se justifica siempre, sólo en la medida en que se toma en cuenta el entorno mecánico de la estructura natural (músculos, puntos de apoyo...). La CAO puede intervenir en estas aproximaciones.





Sobre l'autor



YVES COINEAU


Zoòleg. Director del Laboratori de Zoologia del Museu Nacional d'Història Natural de París. Autor de Les invencions de la Natura i la Biònica. President de l'Associació per a la Promoció de la Biònica.



BIRUTA KRESLING


Arquitecte. Col·laboradora enterna del «Working Group Nachtigall» de la Universitat de Saarbrücken i del Museu Nacional d'Història Natural de Paris. 1.’ premi ex-aequo «Pantone-Colours» de Disseny Industrial, Londres, 1991.






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