14
DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA,
1997
Transitar por los mundos posiblesEl actual desarrollo de los sistemas de comunicación en las
sociedades avanzadas ha traído, como efecto inmediato, un aumento espectacular
de la oferta informativa. Los ciudadanos, continuamente invadidos pot un alud informativo que sobrepasa
los límites de sus posibilidades receptivas e interpretativas, se ven obligados
a forjar unas herramientas que les permitan orientarse en esa confusión de
estímulos y, a la vez, transformar su entorno en una estructura coherente y útil,
en la medida que contenga las condiciones indispensables para su realización
social. De este modo, el individuo, creando su propia dimensión cultural, se
crea a sí mismo en un continuo proceso de configuración recíproca entre él y su
entorno.
El individuo no realiza este
esfuerzo por instrumentar sus propios espacios culturales asociando estímulos y
enunciados al azar. Para cumplir esta tarea aplica unos criterios de selección
y organización que básicamente responden a sus intereses y a la búsqueda de satisfacciones
inmediatas. Pero, ¿cuáles son los criterios que le permiten estructurar un
determinado mundo propio y útil? ¿Cómo pasa de un mundo al otro? ¿Cómo accede?
¿De qué manera y en qué orden vive las diferentes opciones?
De manera general, podríamos decir
que las personas están siempre dispuestas a encontrar lo que buscan o lo que se
opone de manera indiscreta a sus expectativas. Por esta razón, las
posibilidades receptivas de los individuos disminuyen hasta la ceguera ante lo
que no ayuda ni dificulta el seguimiento de sus expectativas.
La
doble lectura
Desde este punto de vista, el mundo que se construye funciona como una verdadera herramienta pragmática, ya que aporta las primeras hipótesis sobre los elementos pertinentes que se le ofrecen, posibilitando la construcción de un universo semántico adecuado a sus intereses. Para conseguir este objetivo, los
individuos proceden a la interpretación de los estímulos que se les ofrecen,
proceso que, básicamente, comporta dos fases: en primer lugar, se realiza un
proceso efectivo de lectura que permitirá, en una segunda fase, establecer unas
hipótesis anticipadas y avanzar en el campo de las interpretaciones supuestas,
hasta la construcción de un conjunto coherente.
La primera fase supone abarcar la
totalidad informativa y fraccionarla en las partes constituyentes que
despiertan su interés, sea porque responden a experiencias pasadas o porque
ofrecen expectativas juzgadas interesantes. Para avanzar en la configuración de
un conjunto coherente, el individuo somete el material perceptivo a un conjunto
de operaciones de análisis, comparación y selección de las partes,
estableciendo nuevas relaciones que satisfagan una misma condición
predominante. Esta condición actúa como predefinición que, al cobijar hechos y
objetos, los identifica como probables y susceptibles de formar una misma
estructura. De este modo, la uniformidad o regularidad de los elementos sólo
tiene sentido en la medida en que éstos forman parte del mundo que nosotros
mismos vamos construyendo.
La característica básica de esta
primera fase es que todo el proceso de formación de la macroestructrura definitòria pertenece
exclusivamente al contenido del «texto» ofrecido.
No sucede así en el caso de la
segunda fase donde, de manera retrospectiva, y sobre la base de la
macroestructura resultante, se construye un mundo personal que da coherencia a
la oferta informativa.
El lector/intérprete es conducido
a colaborar, haciendo previsiones y estableciendo supuestos sobre el
posible desarrollo del texto hasta conformar las hipótesis de mundos posibles.
La activación de estas hipótesis, motivada por la compleja red de relaciones
que el intérprete establece entre los elementos discursivos relevantes del
texto y los que extrae de su propio bagaje vivencial, le permite pasar de las
estructuras discursivas que ofrece el texto a las estructuras pragmáticas del
mundo posible. Contrariamente a la primera fase, aquí el lector/intérprete se
sirve de herramientas meta-textuales con las que elabora un esquema inferencial
y en el que las hipótesis, debidamente valoradas y jerarquizadas, se van
contrastando y confirman o informan hasta construir un mundo global y posible
que da coherencia al conjunto.
Desde esta dimensión pragmática,
podríamos decir que cualquier información va en búsqueda de un destinatario, y
esta búsqueda es condición necesaria, no sólo de su situación
comunicativa sino también de su potencialidad significativa. El lector modelo,
como dice Eco, es un conjunto de condiciones de éxito textualmente establecidas
que deben ser satisfechas para que un texto sea plenamente actualizado en su
contenido potencial.
Esta perspectiva pragmática
permite no limitar el contenido potencial de un texto a lo que se deriva
directamente de las estrategias textuales previstas y reguladas del
funcionamiento interpretativo del destinatario, sino que posibilita su
ampliación con los contenidos provenientes del trabajo pragmático que genera el
mismo texto. Por lo tanto, esta segunda fase se tiene que entender como una
parte constitutiva del mismo texto, en la medida que contiene una estructura y
un sistema de mecanismos potencialmente dinámicos que generan, en el receptor,
procesos inferenciales que completan y «hacen suyo» el texto.
El destinatario, aun
identificándose con el lector modelo que presupone el texto, no puede inhibirse
del lector real que es. A pesar de que el éxito significativo del texto
requiere siempre satisfacer el conjunto de condiciones que es el lector modelo,
aquél se tiene que completar necesariamente con la actividad pragmática de la
lectura, es decir, con la actualización efectiva de su potencial enciclopédico
y la inevitable competencia situacional, no forzosamente prevista por el autor,
y que va más allá de la simple identificación y localización
de
referentes.
Desvincular al lector modelo del
proceso interpretativo del lector empírico por miedo de caer en un total
subjetivismo, lleva a una simplificación y a una parcialidad equívoca del
proceso interpretativo. El lector no puede quedar reducido a un simple ejecutor
inocente o víctima de la emboscada que le tiende el texto. De existir, este
lector sería un lector totalmente ingenuo, carente de espíritu crítico e
incapaz de cuestionarse las propuestas que se le ofrecen en el texto.
Insistimos, no podemos desvincular el recorrido de actualización del texto del
recorrido reflexivo y crítico que impone el mismo texto.
Desde el punto de vista de la
producción pragmática del significado, el recorrido interpretativo que requiere
la reconstrucción lógica de los significados previstos por el autor no es más
que una precondición para su plena interpretación. El proceso interpretativo va
más allá del simple seguimiento de las estrategias inscritas en el proceso de
lectura. El destinatario, en su interpretación, modifica y corrige las
hipótesis que, en cada momento del recorrido de la
lectura, considera válidas.
Los
inevitables mundos posibles
La teoría del significado de la oración, iniciada por el lógico Richard Montague, 1 a finales de los años 70, permite dar un enfoque bastante útil al proceso de interpretación. Al validar la significación a partir de las premisas de un «modelo» previamente establecido o Mundo Posible (desde ahora MP) nos permite razonar y tratar aseveraciones sobre mundos, que aun sabiendo que nunca serán verídicos (los mundos de la ficción, de nuestros sueños y esperanzas, de los temores o de la farsa...), son vividos y validados como realidades. Habitualmente, el concepto de MP se ha venido aplicando al estudio de la narrativa ficcional, que se
distingue por tener unas construcciones cerradas y estructuradas a partir de
una descripción restringida de la realidad y un número limitado de individuos,
de características y posibilidades también limitadas. Pero en la medida que
consideramos la construcción de un MP como el resultado de
una interacción cooperativa y creativa entre el enunciado que lo describe y el
destinatario que lo interpreta, el enunciado toma una dimensión nueva en el
sentido que deviene una estrategia narrativa destinada a suscitar hipótesis sobre
lo posible. La interpretación de un enunciado se extiende, entonces, a una
construcción teórica que sobrepasa la lectura y comprensión de los diferentes
niveles de códigos, selección de isótopos o macroestructuras de fábula... para
situarse en un segundo plano interpretativo representado por la estrategia
crítica, metatextual y global. Si, además, extendemos el concepto de enunciado
a toda la oferta de estímulos que recibe cualquier individuo social, y que se
ve obligado a interpretar en función de lo que espera o prevé, el MP adquiere una dimensión original que va definiendo las sucesivas
realidades y experiencias vividas y, consiguientemente, los comportamientos
adoptados en sucesivos MP.
En el MP de la ficción, la regla básica para entrar es que el enunciador y el
enunciatario suscriban tácitamente un «pacto ficcional»2 por el cual
el enunciatario suspende su incredulidad3 y acepta el mundo
imaginario que se le presenta. Es decir, el destinatario, aun sabiendo que lo
que se le muestra o insinúa es una historia imaginaria, no por eso piensa que
es una mentira. En el caso de los MP estructurados a
partir de la oferta y presencia de todos
los estímulos que aporta el entorno cotidiano, el pacto es menos preciso (no
pasa, como en la narrativa de ficción, ni por la taquilla ni tampoco por la
compra del libro...), como también son menos precisas las normas que rigen a la
hora de decidir cuáles y cómo son los elementos pertinentes de un MP y la jerarquía que en él ocupan. En este caso, la eficacia y la
aceptación de los elementos ofrecidas están básicamente condicionadas por el
grado de relevancia que expresan en función de lo que se quiere o cree que es
necesario saber y, consecuentemente, de las inferencias que active.
De todas maneras, sea en el
sentido restringido de la producción e interpretación de enunciados
intencionados, como en su sentido más amplio, es decir de sucesivos MP que vienen generados por la percepción e interpretación
de nuestro entorno, el concepto de MP es similar y
aplicable en ambos casos.
Un
MP es un mundo real
Un MP es «real» en tanto que hace referencia a un mundo narrativo de estructura cultural que, aunque no sea efectivo, es «verdadero» en la medida que está formado por un conjunto de individuos dotados de propiedades y de acontecimientos que se juzgan posibles y coherentes. En un tratado científico, el
concepto de verdad es indispensable y, por lo tanto, incompatible con el de
falsedad. En cambio, en un MP, aunque un enunciado
pueda se calificado de literalmente falso, se acepta como verdad metafórica. La
aceptación de esta verdad, básica e indispensable para la aceptación del MP, no es incompatible con que sea «literalmente falso».
Por ejemplo, aunque sea falso que los conejos hablen, refunfuñen y corran al
ritmo del tic-tac de su reloj, en la medida que participamos del MP que nos propone
Lewis Carroll, estos hechos no nos sorprenden,
mejor dicho, los aceptamos como verdades metafóricas. La suspensión de la
incredulidad, aunque comporte tener conciencia de que el País de las Maravillas
«no es verdadero», no nos lleva a pensar que es mentira.
Por otra parte, si el mundo real
cotidiano se rige por el concepto de verdad evidente, el MP lo hace por el concepto de verdad circunstancial. La verdad de un MP es aceptada siempre y cuando los individuos que lo pueblan, sus
propiedades y comportamientos, explícitos o implícitos, tengan una existencia
circunstancialmente incuestionable, análoga a la que está vigente en el mundo
real de la experiencia y, por lo tanto, juzgados razonables y valorados como
posibles. Desde este punto de vista, el concepto de verdad no es un concepto
rígido ni inamovible, sino que, como dice Goodman, «es una condición dócil y
obediente» respecto a las circunstancias que lo validan.
En el caso concreto de un
enunciado audiovisual, la credibilidad se ve reforzada si la representación es
juzgada como realista por su analogía a lo que refiere. Evidentemente, el grado
de realismo que se atribuye al enunciado audiovisual está íntimamente ligado al
sistema habitual de representación que rige en el contexto en el que se sitúa
el MP. No debe sorprender, por ejemplo, que
el grado de realismo que otorgaban los cristianos del siglo XII a los
personajes y escenas religiosas representadas en las pinturas murales de las
iglesias difiera significativamente del que les atribuye hoy día la sociedad
postindustrial cuando admira estas mismas obras en un museo.
En un MP, los conceptos de verdad y de mentira, se deben
entender desligados de universalidad. La verdad, aunque se nos presente incuestionable
y más allá de opiniones e intereses, en el interior de un MP es siempre una construcción convencional y temporal, y solamente es
válida en estas circunstancias. Fuera de su MP
un
hecho o un valor verdadero no permanece necesariamente verdadero. De aquí que
la verdad difícilmente admita la transferencia a otro MP
Por lo tanto, lo que se propone
es verdadero o falso solamente dentro del marco general o tópico que define al MP y siempre cuando esta verdad se adecue a la manera en que el
destinatario la tiene construida y que implique ésta y no otra. Si se cumplen
estos requisitos, las verdades de los MP son verdades sólidas e
incuestionables.
Por el contrario, las verdades
del mundo real siempre pueden ser cuestionadas.'1 Todo lo que
creemos histórica o científicamente verdadero está sujeto a que el azar o la
investigación científica hagan aparecer la evidencia de una nueva verdad que
invalida, como tal, a la anterior. Así, podría darse el caso de que un día
descubriésemos, por ejemplo, que el Che Guevara no fue capturado ni ejecutado
por las fuerzas especiales del ejército boliviano y que el cuerpo expuesto en
el depósito de cadáveres del hospital de Villa Grande, Nauta, en 1997, era el de un
impostor. En cambio, en el dominio del MP esta posibilidad no
existe, la verdad no permite ser cuestionada. A pesar de que Blancanieves, la
madrastra y el príncipe no han existido nunca en el mundo real de la
experiencia, no por eso dejan de ser «reales y verdaderos» en el MP que presenta el cuento de los hermanos Grimm, y sería
falso decir que Blancanieves murió envenenada por el príncipe o que la
madrastra se casó con el príncipe. No puede ser de otra manera, Blancanieves se
casó con el príncipe y la malvada madrastra fue castigada. Estas verdades no
pueden ser invalidadas, salvo que se proponga otro MP de ficción donde esto no suceda. Pero este último MP jamás invalidará o transformará en mentira la verdad del primero.
Simplemente será un MP diferente. Como dice
Eco, «la narratividad nos proporciona mundos anclados, que flotan menos que los
universos reales, aunque de ordinario pensamos que las cosas son al revés».
Sin embargo, un MP no equivale a un modelo cerrado, a partir del cual hay
que juzgar y valorar las propuestas, sino que hay que entenderlo como la simple
esquematización de una situación, orientada de manera que el destinatario pueda
aceptarla como posible y, adhiriéndose, la complete por su cuenta. La propuesta
de un MP es similar a la «puesta en
escena» de un número limitado de individuos y de propiedades, reconocibles en
tanto pertenecen al mundo de la experiencia, y juzgados pertinentes para
representar la totalidad del MP que se pretende presentar.5
La propuesta de un MP no puede quedar
reducida a la simple exposición y comprensión de unos elementos pasivos, sino
que se tiene que entender como el esquema sinecdóquico de una estructura activa
que se amplía con la oferta de unos espacios que el destinatario debe completar
con sus inferencias.
En tanto esquematización
sinecdóquica de una situación, la propuesta de un MP
tiene
que aportar los «indicios»
necesarios para poder identificar las identidades pertinentes que permitan
localizar y aceptar el mundo real de referencia. De estas identidades se tienen
que predicar unas propiedades y comportamientos que el intérprete tendrá que
completar en función de la propuesta.6 Un MP no es una estructura totalmente autónoma respecto del
mundo real. Algunas de estas identidades y sus comportamientos han de
pertenecer al mundo real de nuestra experiencia. De la misma forma que no es
posible caracterizar todos los individuos y propiedades que pueblan un MP, tampoco es posible describir la totalidad de su
mundo «real». Gobernadas por reglas, algunas de estas propiedades y cualidades
se extraen del mundo real y se ajustan a las mismas reglas del mundo de nuestra
experiencia y, por lo tanto, de no haber indicación de lo
contrario, quedan en función de la capacidad de explicación semántica del
destinatario.
Para la propuesta de un MP sólo se describen los elementos pertinentes susceptibles de conformar
un conjunto narrativo que permita inferir la totalidad del MP referido. De cada una de estas propiedades se tiene que especificar su
esencialidad. Aunque todas las propiedades sean necesarias para el
reconocimiento del MP referenciado, es
necesario establecer entre ellas unas jerarquías de tal modo que unas se conviertan
en determinantes y, en consecuencia, prevalezcan jerárquicamente sobre las
otras, que son consideradas accidentales o de cumplimiento menos obligatorio a
la hora de justificar el comportamiento de los individuos.
Esta jerarquización es decisiva
cuando se completa el MP, ya que definir como
esenciales unas determinadas propiedades equivale a reconocer la estructura del
MP sobre la base de las relaciones posibles válidas
en su interior. Por el contrario, las propiedades accidentales, aunque no se
nieguen y estén presentes y disponibles, no se toman en consideración en
relación a la estructura del MP.
La diversidad interpretativa de
un MP requiere que éste sea construido
de manera que los objetos que en él aparecen vayan en el sentido del proyecto
discursivo. Es decir, supeditar los posibles procesos inferenciales a la
capacidad de explicación semántica del público definida por lo que cada uno sabe que los otros saben, y que
ellos saben que los otros saben».7 De aquí que el enunciador, y también el enunciatario, para poder
conducir el proceso hacia los objetivos que se han marcado, tiene que prever la
inhibición de implicaturas y
procesos
inferenciales no pertinentes. En este sentido debe filtrar los posibles
reconstruidos culturales que actuarán en el proceso inferencial y eliminar o
neutralizar aquellos elementos que, aun siendo pertinentes, se les podrían
inferir «valores de omisión» no previstos por el enunciatario, y, por lo tanto,
distorsionadores.
De este modo, calificando la
descripción de sinecdóquica, podríamos decir, como Nelson Goodman y Elgin,
8 que «el MP no existe en el texto, sino fuera de él»: construir un MP equivale esencialmente a atribuir ciertas propiedades y las cualidades
físicas y psíquicas que convienen exactamente a lo que se quiere decir de
ellos.
Transitar por los MP
Como hemos dicho, la sobrecarga de estímulos que nos ofrece nuestro entorno nos fuerza a seleccionar una parte de ellos y a estructurarla coherentemente en unos MP de modo que responda a nuestros intereses y expectativas.9 Desde esta perspectiva, hay dos maneras básicas de vivir estos mundos: a) Transitando por ellos, es decir, accediendo a ellos uno tras otro, o por el contrario, b) Vivirlos simultáneamente.
En el primer caso, los mundos devienen realidades sucesivas, que definiremos como el transitar del «Principito» por sus similitudes con el cuento de Antoine de Saint-Exupéry. Como recordará el lector, el Principito recorre, uno tras otro, diferentes planetas, habitados respectivamente por un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo, y en cada uno de ellos el Principito se esfuerza en entender y adaptarse a las lógicas que allá rigen. El segundo caso, que denominamos
de «Alicia», se estructura de manera similar a la del cuento de Lewis Carroll, donde Alicia, en el País de las Maravillas, vive
simultáneamente mundos diferentes, incluso opuestos: el mundo de la reina de
corazones con sus reglas arbitrarias, el del apresurado conejo de ojos color de
rosa, siempre víctima de la dictadura del tiempo, el del Sombrero Loco, habitante
de un mundo en el que la locura y la risa son virtudes prioritarias... Todos
coexisten e interactúan ante una Alicia desconcertada.
Es evidente que en el mundo de la
realidad cotidiana, estas dos maneras de vivir MP
no se
dan nunca de manera aislada, sino que las concomitancias e intersecciones entre
ellas son inevitables. De todas formas, y por razones metodológicas, procederemos
al análisis separado de estas dos opciones.
El
tránsito lineal del Principito
En el mundo de cada día, el recorrido por MP responde más bien al que nos marca el Principito. Inmersos siempre en un determinado MP, juzgamos coherente un comportamiento, si éste se da conforme a las reglas que allá rigen. ![]() Vivimos siempre un MP y vamos pasando linealmente de uno a otro. Cada uno de ellos se
presenta como un posible «lugar de acogida que podríamos habitar».10
Lugares de acogida en los que encontramos otros seres y otras vidas con las que
convivimos y que, en general, nos prometen futuros interesantes.
Dado que muchas de las
situaciones que presenta un MP son dinámicas y las
propiedades de los individuos aparecen y desaparecen continuamente, el mundo
como tal no es nunca el mismo, siempre está, en el transcurso de su desarrollo,
sujeto a transformaciones y cambios y, en este sentido, un MP es una sucesión ordenada de acontecimientos que vivimos como una
realidad en tiempo y espacio presentes.
Sólo la ruptura de este suceder
ordenado nos lleva a otro MP. Para acceder a él,
es necesario que previamente abandonemos el actual MP y adoptemos como presente el siguiente MP.
De esta
manera vamos formalizando y accediendo a sucesivos estados del mundo, fiables y
creíbles en tanto son sucesivos MP reales y presentes,
solamente limitados por los MP precedentes ya
vividos y los posteriores, supuestos, deseados o temidos, pero siempre
susceptibles de ser vividos. Sólo el MP
presente se
nos presenta como real: de nada sirve que Alicia, en el transcurso de un
desfile de gambas y estrellas de mar, se esfuerce en demostrar al presumido
pájaro Dodó y al fumador orugón que su mundo es el verdadero, el real, y no el
que en ese momento están viviendo.
Así, encadenando un MP tras otro, vamos experimentando realidades diferentes donde los
elementos y comportamientos permisibles en un mundo a menudo se contradicen con
los que son posibles en otro. Éste es el sentimiento que tiene el Principito
cuando visita a los personajes de otro MP y no comprende cómo
sus habitantes pueden juzgar como importante lo que para él no tiene ningún
valor: las cifras, el poder, las prisas, la disciplina.,. Se trata de un nuevo MP, de valores totalmente invertidos donde los hombres
juzgan como serio lo que en el mundo del Principito es banal y sin sustancia.
Por el contrario, lo que en el mundo de los hombres se considera intrascendente
es precisamente la razón de existir del Principito.
El acceso y aceptación de un
nuevo MP siempre exige unos esfuerzos de comprensión,
adaptación y asunción de los individuos y la lógica que allí rige. Este
esfuerzo es rentable si las estructuras esenciales de este nuevo mundo son
comprensibles, es decir, si en el transcurso de su desarrollo la relación
individuo/propiedades genera estructuras similares a las del mundo de
procedencia. De ser así, el tránsito por los MP
no se
presenta conflictivo, ya que los mundos, aunque respondan a lógicas propias,
guardan unas similitudes que los hacen comparables. Cada uno de los planetas visitados
por el Principito guarda una coherencia interna, pero no se interfieren. Uno
tras otro, los mundos devienen reales, mientras que los otros planetas se van
situando en la memoria del pasado o permanecen entre las expectativas de
futuro. Es muy probable que, desde una perspectiva más distante, la linealidad
del recorrido de MP tienda a una cierta circularidad
repetitiva en la que los MP futuros no sean más
que repeticiones o versiones renovadas de MP pasados, aunque
relativamente diferentes por la acumulación de experiencias vividas.
Vamos pasando de un mundo a otro.
Transitamos por ellos y en cada uno
apreciamos sus diferencias, aunque de hecho estas diferencias provienen más de
la acentuación excluyente y jerarquizante que ponemos sobre determinados
individuos que de la propia composición de estos mundos. El grado de
acentuación que ponemos sobre unos determinados individuos y hechos da a éstos
una predominancia relativa que hace que de un mismo contexto se construyan
diferentes esquemas categoriales y, por lo tanto, se generen MP diferentes. Poco se parecen los MP
que viven
los adormilados viajeros durante el largo trayecto en metro que los conducirá
por la mañana a sus lugares de trabajo.
De todas formas, las posibles y
variadas interpretaciones a que sometemos la información recibida no significa
que el número de posibles MP sea infinito. Su
número siempre está delimitado por la propia predefinición del MP, que hace que unos elementos, y no otros, sean
pertinentes, así como también por el nivel de competencia comunicativa e
interpretativa del destinador. Por lo tanto, aunque limitados, los MP varían en función de los individuos.
Alicia
y la cohabitación de MP
La segunda forma de experimentar los MP es vivirlos de manera simultánea, como es el caso de Alicia, que se encuentra súbitamente inmersa en una caótica mezcla de mundos diferentes. Alicia va de sorpresa en sorpresa: tan pronto como reconoce un MP y lo vive como real, se le interponen otros MP que devienen contradictorios para Alicia, quien no ha tenido tiempo de asimilar sus reglas. Contrariamente a los recorridos
de estructura lineal del Principito, en el mundo de Alicia un MP presente entra en contacto con otros MP,
conformando
una estructura mosaico. La interacción de algunos de sus rasgos comunes permite
la vivencia de todos, aunque siempre bajo el predominio de la lógica que rige
en uno de ellos a la hora de interpretar a los individuos y comportamientos que
revisten los MP.
Así, en la lógica del MP1 (fig. 1), y gracias a las intersecciones que se dan con los
mundos 2 y 3, es posible cohabitar en los tres
mundos, a pesar de sus diferencias. Ésta es la estructura mosaico que se le
presenta a Alicia. Los MP, todos presentes, conviven,
sufren la lógica más o menos rígida del mundo predominante marca los grados de
coherencia o conflictividad que presentarán sus elementos.
![]() El
conflicto
El conflicto inconciliable
aparece cuando se intenta interpretar los elementos de un MP con la negación de la lógica que rige en otro, de manera que si en un
posible estado de cosas el MPl es verdadero, entonces el no-MP1 es falso.
Si retomamos la famosa figura
imposible de Penrose (fig. 3) a la que también hace referencia
U. Eco para ilustrar «los mundos posibles imposibles»,11 y la
dividimos en dos unidades, MP(a) y MP(b), obtenemos dos figuras perfectamente
comprensibles. En la figura 2, el
MP(a) es gráfica y espacialmente coherente: tres cilindros paralelos, como
también es coherente el MP(b), formado por un ángulo prismático en forma de U.
![]() El conflicto se genera cuando se
interesa intersecionar esos dos mundos sobre la base lógica de uno de ellos .A pesar
de la coherencia de las seis líneas
paralelas de la intersección (Fig., 3), la percepción asumida de los tres
cilindros imposibilita la aceptación del ángulo en forma de U. Y viceversa,
situados en la lógica de esta última figura, no podemos aceptar como coherentes
los tres cilindros.
![]() Por eso cuando hay dos versiones correctas simultáneas en conflicto y sin posibilidades de reconciliación, solamente admitimos unos enunciados como verdaderos y consideramos falsos a los que entran en conflicto con aquéllos . No obstante es necesario
preguntarse cómo se pueden conciliar MP diferentes, incluso
opuestos, en una misma persona. ¿Cómo llego a conciliar, por ejemplo, mi mundo
presente, con otros mundos copresentes, cuando los valores, reglas, dictámenes
del primero son incompatibles con las exigencias y servidumbres a que obligan
los otros? ¿Cómo saber de todos los MP a cuál tengo que
reconocer como real?
Éstas y otras preguntas muestran
hasta qué punto es compleja y conflictiva la convivencia simultánea de MP diferentes. La cohabitación de individuos y comportamientos que
responden a lógicas diferentes, incluso contradictorias, posibilitan lecturas
difícilmente conciliables y que a menudo conducen a la incomprensión. Ésta fue
la causa de que en el País de las Maravillas las pobres y deliciosas ostras
sentadas a la mesa para comer acabaran siendo comidas por sus propios
anfitriones.
En un mismo discurso, el
antagonismo entre enunciados verdaderos y falsos es inaceptable. Para ser
admitidos habría que aceptar todos los enunciados como verdaderos dentro de un
mismo mundo, y este mundo, en sí mismo, sería imposible. No obstante, el
conflicto, en la medida en que es asimilable, es inherente al MP. La existencia de un MP,
como
estructura activa, depende del conflicto, hasta el punto de que si hiciésemos
abstracción de todos los rasgos responsables de desacuerdos e incoherencias,
como dice Goodman,12 sólo nos quedarían versiones sin cosas, ni
hechos, ni siquiera MP.
En nuestra vida cotidiana, la
interpretación de MP simultáneos
raramente se nos presenta totalmente inconciliable. El grado de tolerancia y
asimilación ante versiones simultáneas en conflicto depende del mayor o menor
esfuerzo que realicen los elementos en conflicto en un MP diferente donde esta contradicción no sea posible. Por lo tanto, los
enunciados en desacuerdo pueden dejar de ser conflictivos si somos capaces de
considerarlos separadamente, de modo que cada caso sea verdadero en el subMP
correspondiente o en MP diferentes.
El MP que se vive como presente real se estructura sobre una serie de valores,
creencias y verdades que, aunque rígidas, dejan libertad a la hora de
aplicarlas a individuos concretos, no necesariamente pertenecientes al mismo MP, o si más no, a un subMP del primero. De este modo,
aun considerando el comportamiento de un individuo como incoherente o perverso,
podemos asimilarlo e incluso juzgarlo coherente si hacemos el esfuerzo de
contextualizarlo dentro de otro MP donde las formas de
conducta atribuidas a este individuo respondan a la lógica que allá rige. Así,
comportamientos y verdades en conflicto, si no son desiguales o responden a
principios opuestos, pueden ser juzgados coherentes si se sitúan en otro MP o submundo que los incluya.
También se puede dar el caso de
que puedan conciliarse verdades, abiertamente en conflicto, por el solo hecho
de eliminar una determinada ambigüedad.13 De esta manera, frases que
se consideran incompatibles sólo porque son elípticas, en cuanto se desarrollan
y explicitan ciertas particularidades se convierten en cosas simplemente
diferentes.
Cuando los elementos son
desiguales y contradicen el MP presente/real de
referencia o su diferencia es juzgada excesiva, es decir, cuando somos
incapaces de hacer el esfuerzo de contextualizarlo en el mundo que le es propio
o simplemente no creemos conveniente realizar esta contextualización, tos
elementos ajenos a nuestro MP se nos presentan
como improcedentes, falsos, absurdos o son simplemente marginados e ignorados.
Así, Alicia juzga irrisibles y grotescos al Conejo Blanco, al Gato de los
deseos, a los dos loquitos, al Sombrero Rojo y a la Liebre de Marzo:«¡todos son tan ridículos!»,
exclama Alicia encerrada en su MP. También la Reina de
naipes comprende, aunque con un cierto retardo, la imposibilidad de asimilar
mundos diferentes, como son el de Alicia y el suyo mismo: «no tendría que
fiarme de ti —exclama—, no eres de picas, ni de color, ni
de trébol. ¡Tú no perteneces a este reino! »,
La visita de MP diferentes, ya sea transitando linealmente por ellos o cohabitando en
ellos, siempre se presenta conflictiva, aunque la trascendencia de esta conflictividad difiera en uno u otro
caso. En el Transitar lineal del Principito, el esfuerzo de adaptación a los
principios lógicos que rigen en cada uno de los MP,
a pesar
de poder producir extrañeza e indignación, hace que los vínculos comunicativos
entre intérprete y los diversos mundos no se rompan nunca del todo. El
distanciamiento que se produce entre el único MP
real y
los ficcionales del pasado o del futuro provoca la necesidad de interpretar
como coherente el presente y, por lo tanto, de adaptar su lógica a las
experiencias adquiridas. No es así en la estructura de mundos copresentes de
Alicia, En la cohabitación simultánea de MP diferentes, el
intérprete permanece dentro del marco de uno de los MP y desde esta perspectiva vive el otro mundo. En este caso, las
situaciones conflictivas pueden llegar a ser incomprensibles y juzgadas absurdas
o irreconciliables, hasta el punto de imponer el rechazo y anular cualquier
posibilidad de comunicación.
Nos vemos impelidos a transitar
por MP diferentes que, como estructuras
activas, nos fuerzan continuamente a buscar comportamientos posibles y a contextualizar
los elementos en conflicto en mundos donde sean coherentes. Sólo así, y en
función de nuestros propósitos y necesidades, iremos marcando los límites de
nuestro entorno y transformándolo en una estructura útil para nuestra
continuidad.
Eco califica el texto de máquina
perezosa14 en el sentido de que exige del lector que haga una parte
de su trabajo. De la misma forma, la vivencia de un MP, como construcción social de una realidad, exige del
receptor el esfuerzo y la aceptación del mundo que se le presenta y a partir de
él inferir individuos y comportamientos coherentes que lo completen. No podemos
olvidar que este compromiso de aceptación y adhesión del destinatario, en la
medida en que depende de su enciclopedia de valores, deviene también un hecho ideológico y, desde este punto de
vista, la versión de un MP será considerada
coherente y aceptable por el receptor si no se enfrenta, ni contradice, ninguna
creencia sólida ni ninguno de los preceptos que lo informan.
1.
Richard Montague: Format Philosophy, Selected Papers of
Richard Montague, New Haven, Conn., Yale University Press.
2.
Umberto Eco,
Seis paseos por los bosques narrativos. Lumen, Barcelona, 1996.
3.
Sobre la «voluntaria suspensión de la incredulidad» para acceder
racionalmente al sentido real último de los enunciados poéticos, ver
especialmente: Paul Ricoeur, Temps et récit, I, II, III, Seuil, París, 1984-1985. F.
Jost, Un monde à notre image. Ènontiation, cinema, television, Klinksieck, París, 1988. Umberto Eco,
Los limites de la interpretación. Lumen, Barcelona, 1992.
4.
U. Eco, 1996: op. cit.
5.
Ver: G. Vignaux, L'argumentation. Essai d'une logique
discursive, Ginebra, D roz,
1976,
pp. 71-72,
6. Sobre el proceso de inferencia, ver D. Sperber y D. Wilson: La pertinence. Communication et Cognition,
Editions de Minuit, París, 1989, y
también: Resirher, «Possible Individuals, Trans-World Identity and Qualified
Modal Logic», Noûs VII, 4, 1973.
7.
Duppuy, Gabriel: L'informalisation des villes. Presses Universitaires de France, París, I992.
8. Nelson Goodman: Maneras
de hacer mundos. Visor, Madrid, 1990, p.Ï.
9.
Johnson and Lakoff, Metáforas de la vida
cotidiana, Cátedra, serie Teorema, Madrid, 1991.
10. Paul Ricoeur, op.
cit.
12. Nelson Goodman, op. at., p. 152.
13. Nelson Goodman, op. cit., p. 144.
14. «Machina pigra»: Umberto Eco, 1996, op. cit.
|
Sobre l'autor
JORDI PERICOT
Director de l’escola Elisava des de l’any 1968 fins a l’any 1986. Doctor en Història de l’Art i Llicenciat en Filosofia. Catedràtic de Teoria de la Imatge de la Facultat de Belles Arts de la Universitat de Barcelona y catedràtic de
Comunicació Audiovisual de la Universitat Pompeu Fabra. Director de la revista Temes de Disseny. Ex-professor de Teoria de la Imatge de la Universitat Autònoma de Barcelona. Promotor de la Pedagogia del Disseny a Catalunya des de l’Escola Elisava. Membre del Consell de Redacció de Publicacions Elisava. Membre del [...]
Relacionat 13 LA CULTURA DEL DISSENY, PAS A PAS. 35 ANYS DE L'ESCOLA ELISAVA, 1996 JORDI PERICOT Introducció 13 LA CULTURA DEL DISSENY, PAS A PAS. 35 ANYS DE L'ESCOLA ELISAVA, 1996 JORDI PERICOT Introducció 02 DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA, 1988 JORDI PERICOT El disseny i les formes artesanals Design and craftsmanship In this paper we
intend to analyse and consider the impact of present technologies on the sphere
of industrial design. especial in what refers to the overcoming of the
traditional dichotom between «craftsman process and industrial pracess of
production» With the advent of
new technologies, industry is ready to appropiate many values which it had been
unable to adapt to its system before. and which it had been forced to reject.
from feeling of impotence. in the name of a particular kind of functionalism
that was presented as a universal value. Among these changes one may mention the disappearance of the old problem of ornamentation applied to industrial object without betrayrng, therefore, the inherent qualities of the mass produced objects. Another aspect that is definitely overcome by these changes is the rigidness that results from a preestablishe industrial design of unique objects, to which the individual has to adjust. The new forms of computenzed production have enable the creation of flexible objects in continual construction, in the search of individual participation and compromise. [...]01 DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA, 1986 JORDI PERICOT Per una anàlisi pragmàtica de la imatge 23 INNOVACIÓ I DISSENY, 2006 JORDI PERICOT El dissenyador com a formalitzador i comunicador de valors La constant exigència de nous productes per part del consumidor fa que la innovació esdevingui el motor principal dels canvis de quota de mercat entre les empreses competidores. Amb aquest objectiu, el procés d’innovació i disseny ocupa un espai central dins l’empresa per tal d’interrelacionar i coordinar tots els seus agents productius. El dissenyador, coneixedor dels valors socials i culturals, però també de les possibilitats tècniques de l’empresa, incideix en cadascuna de les fases del procés d’innovació i, a través del producte, es responsabilitza de la formalització i comunicació dels valors culturals que activen el procés d’innovació. 19 REPTES ACTUALS DEL DISSENY. DISSENY I LLENGUATGE VISUAL, 2002 JORDI PERICOT El disseny i les seves responsabilitats per al futur Seria ingenu voler definir com serà el disseny en el futur, encara que només sigui d'aqui a unes dècades. L'única cosa que podem fer és analitzar les idees generals sobre les quals es fonamenta la història del disseny, projectar-hi els grans esdeveniments que estan marcant el comportament social i deduir-ne els efectes en el camp dels projectes del disseny. Per aquesta exposició hem triat com a constant el tradicional binomi simbòlic-unitari que implica una societat jeràrquicament dividida en classes. Evidentment, en el transcurs de la història del disseny l'equilibri entre aquests valors ha anat variant en funció dels corrents culturals i ideològics que predominaren socialment en cada època. Actualment, el fenomen de la globalització ha accentuat aquesta divisió. D'altra banda, els greus conflictes polítics i militars que la humanitat està vivint pronostiquen grans canvis econòmics i socials que, sens dubte, obliguen a una redefinició de la pràctica del disseny. 14 DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA, 1997 ALBERT BERRIO Edipo re de Pier Paolo Pasolini 14 DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA, 1997 Gregorio LURI MEDRANO Iconografia del mite de Prometeu 06 PEDAGOGIA DEL DISSENY, 1991 JORDI PERICOT Límits pedagògics del disseny modern 13 LA CULTURA DEL DISSENY, PAS A PAS. 35 ANYS DE L'ESCOLA ELISAVA, 1996 JORDI PERICOT Una permanent experiència pedagògica |



