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09 DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA, 1993

Análisis antropológico de los interiores de las viviendas

Este artículo examina los principios teóricos y metodológicos para el análisis de los interiores de las viviendas. Empieza con una crítica de planteamientos repetidos por arquitectos, planificadores y administradores de viviendas. Después propone una interpretación antropológica de los conceptos de límite, transición y código espacial, que se muestran pertinentes para el análisis de las características, tanto espaciales como afectivas, de los interiores de las viviendas. Estos conceptos se utilizan para analizar la transición entre el interior y el exterior de las viviendas (especialmente el papel pragmático y simbólico asignado al vestíbulo); examina las relaciones entre los espacios interiores y las actividades en términos de la estructura del gradiente de intimidad y la interacción entre el espacio y las actividades domésticas; finalmente, se refiere a la situación, significado y uso de los objetos domésticos. Estos análisis demuestran que los ambientes de las casas se parecen a una red de características afectivas y espaciales, inseparables. De esta forma, este estudio diversifica la investigación actual sobre los interiores de las viviendas.
Introducción
 
Una vivienda, y desde luego todo edificio, define y delimita un espacio hecho por el hombre. Es importante, por tanto, analizar cómo diversos espacios están separados y unidos. Los arquitectos emplean dos enfoques predominantes para analizar la organización del espacio doméstico. El primero acata el modelo forma-función o el modelo espacio-comportamiento. Estas interpretaciones del diseño y uso de los edificios encarnan un concepto denominado «determinismo arquitectónico», el cual supone una relación unilineal entre el diseño de los edificios y las actividades humanas que albergan. La práctica actual con relación a la vivienda ha hecho uso de este concepto en muchas ocasiones; por ejemplo, una serie de manuales sobre la vivienda publicados por sucesivos gobiernos británicos entre 19l9y 1961, relacionaba modelos deductivos e inductivos de actividades domésticas con disposiciones de muebles predeterminadas, generando de esta manera planos de viviendas para los «usuarios desconocidos» de miles de casas. Este enfoque es más típico que excepcional en lo que respecta a la construcción de viviendas en muchos países durante este siglo.
El segundo enfoque incluye interpretaciones morfológicas de personas y edificios que se derivan del análisis de planos de casas llevado a cabo por Chermayeft- y Alexander (1963) y resumido por March y Steaoman (1971). La pertinencia y las limitaciones de este planteamiento han sido examinadas en otro lugar y no serán repetidas aquí (Lawrence, 1982). En síntesis: se vio que un análisis gráfico de varias viviendas puede subrayar las similitudes y las diferencias entre varias casas, pero que no puede ofrecer información sobre el significado y uso de espacios determinados. Los límites hechos por el hombre no se crean solamente en el sentido físico, sino que son también ordenados por parámetros simbólicos y jurídicos de naturaleza transitoria. Por lo tanto, esta clase de análisis sólo informa de las características espaciales de las viviendas cuando éstas fueron inicialmente construidas. A este respecto se interpretan como objetos fijos por medio de una generalización estática que hace caso omiso de su historia, ¿Y si se hicieron cambios o añadiduras posteriores a estas casas? ¿Cómo se clasifican y utilizan las diferentes habitaciones? Tales preguntas tienen que ver con el diseño y el uso de las viviendas; no se pueden contestar mediante un análisis gráfico. En suma, limitar el análisis de la arquitectura doméstica a un estudio de su configuración constituiria un serio engaño, ya que el significado y uso del espacio doméstico no depende únicamente de su forma. Este planteamiento debe extenderse hasta incluir un análisis de las transacciones entre los significados espaciales, socio-culturales y personales de los ambientes domésticos a través del tiempo. En lugar de seguir criticando estas dos interpretaciones de los edificios domésticos, vamos a fijar nuestra atención ahora en las aportaciones a nuestro tema procedentes de otras disciplinas académicas.
 
 
Metodología
 
Algunas pistas hacia la diversificación y la reinterpretación de los interiores de las viviendas han sido publicadas por expertos en diversas disciplinas. Por ejemplo, algunos antropólogos sociales incluyendo Tambiaii (1969) y Hugh-Jones (1979) ofrecen etnografías lucidas que demuestran que, aunque las características espaciales de la arquitectura doméstica en las sociedades no industrializadas pueden ser descritas según la orientación, la posición relativa y la demarcación de los espacios y objetos dentro de las viviendas, tal descripción no puede explicar el significado social del espacio doméstico, a no ser que otras diversas prácticas relacionadas con la producción y el consumo de alimentos, la clasificación de animales, las reglas de parentesco y otras convenciones sociales sean bien comprendidas. De la misma manera, otros historiadores sociales como Evans (1978) y Daunton (1983) analizan cómo los cambios en la morfología, los muebles y la utilización de las viviendas no pueden ser disociados de aquellas variaciones en el significado social del espacio doméstico y de la vida de la casa que producen cambios en la relación del residente con su hogar. Igualmente, algunos sociólogos como bourdiue (1977) hablan de cómo la personalización del espacio doméstico varía en función de factores económicos, socio-culturales y políticos que afectan al estilo de vida de los residentes. Además, psicólogos como csikszentmihalyi y ROCHBERG-H ALTON (1981) y filósofos como Bachelard (1964a) y Heidegger (1971) demuestran que la apropiación de espacio doméstico queda inscrita no meramente en el tiempo socio-cultural, sino también en el «mundo personal» de quien lo ocupa y en su comportamiento.
En suma, aportaciones diversas del tipo aquí citado muestran que (más allá de una descripción detallada de la distribución y los muebles de una habitación) hay reglas y convenciones socio-culturales relacionadas con el diseño, el significado y el uso de las habitaciones. Por otra parte, además de funciones evidentes, tales como la afirmación de categoría social, y además de descripciones explícitas de cómo la estructura y los muebles de las casas pueden cambiar con el paso del tiempo, es importante comprender cómo los interiores de las viviendas están dotados de significados y valores específicos a un determinado contexto de sus habitantes. Y, precisamente por ello, el análisis de tales factores no materiales, que se inmiscuyen en el diseño, el significado y el uso de las casas, debería ser tema de investigación. En contraste con estudios anteriores de autores de diversas disciplinas que examinan ambientes domésticos existentes, este artículo describirá y mostrará cómo una interpretación socio-psicológica de las decisiones tomadas durante el proceso de diseño arquitectónico sobre la distribución y los muebles de las habitaciones puede servir como contexto único no experimental para estudiar el significado y el uso propuesto de los interiores de unas casas desde tres perspectivas complementarias:
 
1.  En términos de las «reacciones» de los habitantes a lo que han calificado positiva o negativamente en sus residencias pasadas o presentes.
2.  En términos de la «interacción» entre diferentes miembros del hogar que no comparten necesariamente las mismas aspiraciones y los mismos valores referentes a las viviendas y actividades domésticas diarias.
3.  En términos de la generación de nuevas ideas y nuevos valores referentes a las viviendas y la vida del hogar, específicamente para alcanzar ciertas metas.
 
De esta manera este artículo tiene el propósito de diversificar la investigación actual de los interiores de las viviendas a través de revelar las relaciones recíprocas entre las características espaciales y afectivas de las casas.
 
 
Definiciones
 
En este artículo un código se define como la estructura de un conjunto general de posibilidades de comunicar y comprender determinadas características de la cultura humana. En este sentido, la arquitectura tiene un significado social y cultural además de pragmático; la arquitectura, pues, codifica reglas y convenciones sociales. Un código binario es una clase de código que incorpora opuestos bipolares, como los valores positivos/negativos asociados con los semáforos verdes y rojos. El ejemplo del semáforo es interesante, porque se añade frecuentemente un tercer color, el amarillo, para indicar cautela. El amarillo está en medio del espectro de colores entre el rojo y el verde. En este caso el espectro de colores y la ordenación del movimiento del tránsito se corresponden. Sin embargo, no hay ningún hecho inherente al mismo espectro de colores que explique por qué el rojo indica «parar» y no «adelante». Efectivamente, si los valores asignados a las señales rojas y verdes fueran a la inversa, la ordenación de los dos sistemas no cambiaría.
Este ejemplo de los semáforos muestra que la clasificación y codificación de los objetos hechos por el hombre dependen de la ordenación de límites. Utilizando repetidos ejemplos de este tipo, Leach (1976) aplica los conceptos de límite y código para engendrar análisis de la clasificación y ordenación de artefactos. En este artículo estos conceptos serán empleados para explorar el significado y uso de los interiores de las viviendas. La descodificación de los ambientes residenciales exige un análisis de todas las partes componentes, sin olvidar su papel en la totalidad de su contexto o las relaciones recíprocas entre ellas.


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En este planteamiento de códigos binarios Leach emplea un diagrama Euler para demostrar la polaridad y los límites entre artefactos que suelen ser clasificados como opuestos. Por ejemplo, si la figura I quiere representar las señales de tráfico, entonces «A» es rojo y positivo, mientras «no A» es verde y negativo, y la zona ambigua entre ellos es amarillo y de cautela. La distinción entre rojo, amarillo y verde depende de la definición de límites de índole artificial (de lo contrario no nos referiríamos a diversos colores del espectro).
Este ejemplo no pretende insinuar que el simbolismo de los colores sea una constante universal de todas las culturas. Como lo demuestra Leach, el color rojo no es simplemente una señal de peligro, sino que está asociado en muchas culturas con la alegría, y es un color dominante en las fiestas. El concepto importante a captar es que se trata de un conjunto de elementos contrastantes que provocan interpretaciones de diferentes tipos, no el propio color (o colores) en cuestión.
Del mismo modo, el concepto de separar y unir espacios diferentes es fundamental en la arquitectura. Los confines delimitan y definen los espacios: los encierran, estableciendo un grado de accesibilidad y visibilidad entre ellos.
No obstante, dentro de los edificios los límites espaciales no necesitan corresponder simplemente a las demarcaciones físicas de las paredes. Más allá de estos límites, la disposición de los muebles puede influir en cómo la gente circula y utiliza áreas que, de otra manera, serán consideradas como espacio homogéneo. En total, los límites permiten la demarcación explícita o implícita de objetos o actividades; los sitúan en posiciones específicas relativas a áreas más globales, como la fachada, dominio público de la calle. Así, en términos de la figura 1, «A» podría representar el ámbito público de la calle; «no A» podría representar el dominio privado interior de la casa, y un jardín delantero sin valla sería la zona ambigua que, a la vez, separa y une ambos dominios.
Teniendo este ejemplo en cuenta, es instructivo mostrar cómo la connotación socio-psicológica de los imenores de las viviendas puede ser analizada utilizando los conceptos de límite, espacio transicional y código espacial. Estos conceptos no inhiben la aplicación creativa de arquitectos y planificado-res en el diseño de casas, lo que se puede demostrar referido a un proyecto de investigación a largo plazo. El contexto de esta investigación ha sido descrito plenamente en otro lugar (Lawrence, 1982) y no será repetido aquí; lo que fue presentado como un estudio en curso ya ha quedado completo.
 
 
Resultados
 
Las diferentes clases de datos recogidos durante este estudio han aportado información complementaria sobre las características espaciales y afectivas de las viviendas: esta será examinada a continuación con respecto a los temas siguientes:

1. 
Transiciones entre dentro y fuera de la casa.
2.  Interrelaciones entre habitaciones.
3.  Significado y uso de objetos domésticos.
 
 
Transiciones entre dentro y fuera de la casa
 
Es interesante examinar cómo la transición entre los espacios públicos exteriores y los espacios privados interiores de las casas ha sido considerada por sus habitantes. Este pasaje se ha analizado en otro lugar (Lawrence, en la prensa) de acuerdo con factores arquitectónicos, pragmáticos y psico-sociales, y no es necesario repetir esta interpretación aquí. Sin embargo, será suficiente un ejemplo para aclarar este enfoque.
Un análisis comparativo del vestíbulo en las casas anteriores, actuales y futuras de los residentes ha revelado el enlace entre lo que se ha experimentado en el pasado y lo que se prefiere. Por ejemplo, una vez que una pareja ha conciliado el conjunto de sus preferencias personales, se pone de acuerdo en el diseño de una zona transicional doble como entrada de su futura vivienda. Esta propuesta de diseño es compatible con cada una de sus biografías residenciales por las razones siguientes. Para el ama de casa, la intimidad de la vida familiar es un parámetro crucial: además, la mujer tiene recuerdos positivos de su niñez que le gusta revivir. Para su marido, quien se acuerda del preciso plano rectangular de la casa de sus padres, la recepción de amigos es importante, aunque también sostiene que es necesario conservar la intimidad de las actividades domésticas cuando hay personas, que no sean invitados, en la puerta principal. Eliminar la posibilidad de que desde fuera se vea el interior del apartamento alquilado por esta pareja resulta imposible, y este hecho fue considerado como un defecto por ambos. En contraste con este defecto, la futura casa con forma rectangular precisa incluirá un vestíbulo añadido al exterior de este plano geométrico. El vestíbulo no está dentro de los confines de las paredes de la vivienda, pero es evidente que no se trata de un espacio externo público: es una zona transicional por excelencia, que permite a esta pareja recibir personas no invitadas sin tener que hacerlas entrar en el dominio privado de la casa. Más allá del umbral que une este espacio transicional con las áreas donde se vive hay también un pasillo y un colgador bien definidos, donde los invitados o miembros de la casa pueden quitarse la ropa exterior, una vez recibidos en el dominio privado de la familia.
Este ejemplo demuestra que la transición entre el exterior y el interior de las casas puede interpretarse simultáneamente como unión y separación entre el espacio público y el privado, el exterior y el interior, el contaminado y el no contaminado en el sentido antropológico de estos términos, comentado por Leach (1976). Esta diferenciación categórica de espacios externos e internos se puede extender para incluir la unión y la separación entre espacios dentro de la vivienda, como zonas para niños o para diferentes tipos de actividades domésticas, de acuerdo con los siguientes códigos binarios:


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Según esta interpretación
(Lawrence, 1987) el vestíbulo tiene un orden y propósito espaciales que son explícitos y específicos. Su propósito es regular el acceso de gente y objetos entre los dominios privados y públicos: es necesario para controlar la visibilidad entre el exterior y el interior; no es simplemente un espacio para guardar paraguas y abrigos, sino un lugar donde la apariencia personal puede ser controlada; no es simplemente un pasillo entre los espacios exteriores e interiores, sino un espacio donde la gente que no sea invitada (el cartero, el vendedor, etc.) puede ser recibida. El papel del vestíbulo como componente espacial fundamenta] de la transición entre los dominios públicos y privados está representado en la figura 2: todo el espacio exterior compartido que se encuentra más allá de la puerta de entrada de cada vivienda es libremente accesible y visible, mientras que el espacio interior privado no es ni libremente accesible ni visible. Además, mientras que los espacios externos son profanos, la vivienda es simbólica, ya que el vestíbulo no solamente controla el acceso y la visibilidad entre estos dos dominios sino que también, desde la perspectiva antropológica, regula la materia contaminada. En suma, el vestíbulo es un espacio ambiguo, ni público ni privado, ni sagrado ni profano, al cual se atribuye una forma espacial y funciones rituales para impedir que una materia no deseada contamine casa y hogar.
La discusión anterior considera la transición del dominio público y exterior de las áreas residenciales a los espacios privados interiores de la vivienda en términos del modelo socio-cultural subyacente. En este sentido, el diseño de una vivienda es el escenario en el que los habitantes crean su vida doméstica cotidiana y en el que establecen contactos con la comunidad más extensa. El modo como se lleva a cabo no depende solamente de las características espaciales de las viviendas, sino de otros factores que incluyen las metas, los propósitos y la experiencia residencial anterior de la gente. Por lo tanto, el estudio de la organización del espacio doméstico debería ampliarse para incluir un análisis de cómo se comporta la gente según normas y reglas explícitas (es decir, ¿la puerta del cuarto de baño debería estar cerrada con llave cuando está ocupado?) y códigos y controles implícitos (es decir, uno no pasa del vestíbulo al salón sin haber sido invitado). La presencia de reglas, tanto implícitas como explícitas, para el uso del espacio está relacionada con factores socio-psicológicos que transforman el ambiente residencial de un «foro espacial» a un escenario afectivo dotado de valores y significado personales. En general, Altman et al. (1981) muestran que ambos tipos de reglas, que pueden estar siempre cambiando durante largos períodos de tiempo, ayudan a definir la cualidad de las zonas de transición.
 

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Interrelaciones entre habitaciones
 
Después de haber examinado la transición entre el exterior y el interior de la vivienda es preciso
considerar el enlace y la separación entre diferentes habitaciones a las que se suele asignar actividades domésticas específicas. Los planteamientos complementarios de este estudio han revelado importantes resultados por lo que se refiere a la disposición de las habitaciones, que ahora se considerará desde dos puntos de vista complementarios.
 
 
La misión de la graduación de la intimidad
 
Un análisis de los planos de la casa muestra que una graduación de la intimidad estructura la situación de espacios interiores, que van desde los más accesibles y sociales, situados junto al vestíbulo, hasta los más privados, menos accesibles y no visibles, que se encuentran más lejos del vestíbulo. Esta ordenación de las habitaciones se puede estudiar con respecto a la posición relativa del vestíbulo en relación al patio central público y los jardines privados o espacios exteriores situados alrededor de la periferia de esta residencia. Dado que la «puerta principal» y el vestíbulo están siempre directamente accesibles desde el patio público (no las áreas exteriores privadas), es evidente que existe una graduación coherente dentro de cada casa desde las habitaciones más públicas hasta las más privadas. Las posiciones relativas entre la entrada/vestíbulo y las demás habitaciones de cinco casas se ven en la figura .1. Esta figura muestra que, aunque no haya correlación directa entre la distancia nominal que separa las habitaciones de cada casa, hay una estructura oculta que permite que la situación de las habitaciones sea considerada con respecto al nivel deseado de intimidad concebido por los habitantes. En resumen, la habitación de los padres ha sido sistemáticamente pensada como la habitación más privada, en contraste con el lavabo, directamente accesible desde el vestíbulo y específicamente destinado a los invitados...


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Aunque el gradiente de intimidad presentado aquí puede localizar la posición relativa de las habitaciones respecto al dominio público del ambiente residencial, no define explícitamente las relaciones espaciales entre habitaciones si son accesibles sólo desde un pasillo de circulación, o si hay secuencia de espacios o cambios de nivel entre ellos. Definirlo será el propósito de los párrafos siguientes.
 
 
Las relaciones entre los espacios y las actividades domésticas
 
Este artículo muestra que la posición espacial de las actividades domésticas se ajusta al modo según el cual las tareas domésticas suelen ser clasificadas, situadas e interrelacionadas. Fuera de los límites de los espacios destinados a actividades de cocina, comedor y ocio, los habitantes han expresado una clara distinción entre el diseño de habitaciones para uso diurno y uso nocturno. Aunque puede existir un espacio grande (o quizás dos) en el que las actividades de cocina, comedor y ocio estén juntas, sin embargo siempre hay una estricta forma celular con demarcaciones para los espacios de dormir o de aseo: ¡incluso en este estudio es raro que los niños compartan un dormitorio!
Tal divergencia en la ordenación del espacio doméstico no solamente demuestra una fuerte dicotomía entre espacios de uso diurno y de uso nocturno, sino también si dichos espacios están pensados para actividades privadas/personajes o colectivas/domésticas. El siguiente código binario expresa la connotación de espacios interiores:


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Los orígenes de este código espacial no son claros. La ordenación de los interiores de las casas ha sido pocas veces debatida durante el proceso de diseño mediante simulacro. Además, no surge directamente de experiencias residenciales actuales en viviendas de tipo piso, y contradice la disposición y el uso habituales del espacio en hogares anteriores.
Aquí se ofrece una hipótesis para explicar el diseño de los hogares futuros de acuerdo con este modelo. Las familias que participan en el diseño de su nuevo hogar (sobre todo las que actualmente alquilan un piso subvencionado por el gobierno) están intensamente preocupadas por eliminar los fallos de su vivienda actual (y quizás de la anterior). Uno de los defectos más corrientes de los pisos contemporáneos es la falta de aislamiento acústico respecto a las viviendas contiguas. En algunos casos este defecto ha sido el motivo principal para construir el propio hogar. Los pisos actuales de todas las parejas, excepto una, están situados en un edificio grande que alberga muchos pisos de alquiler. Estos pisos tienen una disposición celular de todas las habitaciones. En cuanto las parejas cambian su categoría social de inquilinos en la de propietarios, sus propósitos incluyen mudarse de un ambiente «ruidoso, desagradable y mal cuidado» a una vivienda de mejor calidad. Una manera de hacerlo es vivir en un complejo residencial de densidad muy inferior. Otra manera es eliminar la disposición celular de las habitaciones, y/o su distribución en un único nivel, características habituales de bloques de pisos (pero no de casas) en Suiza.
Esta interpretación, junto con el examen previo del gradiente de intimidad y de cómo los papeles y las rutinas domésticas están encarnados en la organización del espacio doméstico, muestra que no existe una relación determinista entre la forma espacial, el área de las habitaciones y la situación de actividades domésticas, Coincidentemente, en un nivel psicológico, una casa que a la vez libera a los residentes de los defectos de viviendas anteriores y sintetiza los aspectos positivos de ellas y de otros hogares, se convierte en vehículo importante para la expresión de un significado socio-psicológico. La inversión psicológica en el diseño de una casa es un criterio importante para la planificación de ambientes residenciales y un medio de diálogo personal. Esencialmente, esta investigación muestra que la materialización del diseño de una vivienda encarna un proyecto o fin psicológico que puede ser ya estrictamente personal, ya compartido con otros miembros del hogar. Así, los espacios y objetos adquieren connotaciones simbólicas como resultado de los significados polivalentes atribuidos a ellos por diferentes personas en el mismo hogar y al mismo tiempo. Es importante considerar la relación entre un individuo y su casa no sólo en términos de valores y preferencias personales, sino también como la expresión de acuerdos (quizás de conflictos) negociados, porque las casas son, sin excepción, dominios compartidos que representan decisiones de consenso, sobre todo en las habitaciones que no están reservadas para uso personal. Resumiendo, este estudio muestra que si se emplean códigos binarios relacionados con clasificaciones nocturnas y diurnas para hablar de la definición espacial de las habitaciones, hay importantes divergencias entre los diseños de habitaciones destinadas a la preparación de comida y a las actividades de comedor que reflejan diferentes valores y prácticas; éstas dependen de si el ama de casa es la única responsable de las tareas de la cocina o si está ayudada por otros miembros del hogar (Lawrence, 1982).
 
 
Significado y uso de objetos domésticos
 
Más allá del análisis de la organización del espacio doméstico propuesto aquí, la situación y el uso de los objetos domésticos y los significados con que son dotados, deben ser también tomados en cuenta al analizar los interiores de las casas en términos de una perspectiva socio-psicológica.
Durante el proceso de diseño mediante simulacro y las entrevistas con los residentes, se ha notado que la posición de los objetos domésticos puede tener relación directa con la manera de amueblar el piso actual o la residencia previa de los ocupantes. En algunos casos, esta relación sugiere una asociación constante entre determinados muebles y la disposición de ciertas habitaciones. Por ejemplo, la posición de un escritorio en un dormitorio de huéspedes en la maqueta de una casa tiene una correspondencia directa con su posición en el cuarto de los invitados del piso actual de los usuarios. En otros casos, sin embargo, la correspondencia entre la disposición de los muebles no es directa: en la mayoría de las casas simuladas los residentes diseñaron la cocina ajustando la posición y la dimensión de aparatos, superficies de trabajo y armarios ya presentes en la cocina de su actual residencia. En ambos casos, unos muebles determinados se emplearon como elementos de referencia para regular el diseño simulado de la futura casa. En este sentido se atribuyó una función pragmática a los objetos domésticos respecto a la evaluación de la forma y tamaño de habitaciones y de la posición de ventanas y puertas.
Además de este valor pragmático, este estudio ha demostrado que los objetos domésticos están dotados de un significado simbólico. Los ejemplos de una escalera y la frecuente inclusión de reliquias de familia en las casas simuladas han sido examinados en otro lugar y no vamos a repetirlos aquí (Lawrence, 1982), Esta clase de objeto provoca en los habitantes experiencias residenciales pasadas: en este sentido, poseen asociaciones y significados personales únicos que sólo se pueden apreciar al comprender la biografía residencial de los ocupantes. Sin embargo, a diferencia de csikszentmihalyi y Rochberg-Halton (1981), quienes dejaron de considerar la connotación social de los objetos domésticos, este estudio muestra la interacción entre valores y significados personales y sociales. La chimenea es sólo un ejemplo. El hogar es el símbolo arquetípico por excelencia del dominio doméstico, que ha ido adquiriendo una connotación social en diversas culturas desde la Antigüedad que todavía existe en sociedades contemporáneas (Bachelard, 1964b). La provisión de chimeneas conjuntamente con la calefacción central en todas las casas lo demuestra bien, pero también hay evidencia de que la inclusión de una chimenea refleja su valor como símbolo de categoría. El hecho de que los pisos destinados a las personas de renta baja o mediana pocas veces o nunca incluyan una chimenea, indica que esta actúa como índice del valor social de una vivienda y de la categoría social de sus ocupantes. Tales índices pueden ser analizados de acuerdo con el principio siguiente: los objetos domésticos (y las actividades asociadas con ellos) están dotados de significados que demuestran su connotación y su uso en la gama total de efectos y actividades domésticas. En suma, esta investigación indica que hay tres clases de objetos domésticos, que pueden ser clasificados de la manera siguiente:
 
1.   Índices de construcción fijos, como puertas, ventanas, tejados o elementos estructurales que sirven como puntos de referencia para la evaluación del tamaño y de la forma de las habitaciones en términos de requisitos pragmáticos, como la manera de amueblar las habitaciones.
2.   Índices domésticos que son móviles, como un mueble, probablemente reliquias de familia u objetos que tienen un significado especial (al menos para un miembro del hogar) y que reciben mención a través del proceso de diseño mediante simulacro.
3.   índices socio-culturales, como la chimenea, que son incorporados en el diseño de las casas principalmente por su valor simbólico y no por motivos de razonamiento práctico.
 
En cada uno de estos casos, se pueden distinguir índices de objetos mundanos que no tienen ningún significado simbólico para los miembros del hogar. Esencialmente el código binario simbólico: profano está relacionado con la comprensión del significado y uso de objetos dentro de una casa.
 
 
Conclusión
 
El estudio de la transición entre el interior y el exterior del hogar, las relaciones entre los espacios y las actividades, y la situación y el uso de objetos domésticos, que ha sido descrito aquí, demuestra que un análisis socio-psicológico de los interiores de las casas debería explicar las características tanto físico-espaciales como afectivo-simbólicas del espacio, los objetos y las actividades domésticas. Desafortunadamente, sin embargo, es habitual que los estudios de planificación de las casas hagan caso omiso del significado afectivo de las relaciones espaciales, de la forma y la posición de las habitaciones. De la misma manera, los estudios del significado psicológico o sociológico de la disposición de los muebles han separado frecuentemente la decoración interior de la estructura morfológica y el contexto geográfico de la casa. Esta dicotomía conceptual entre las características espaciales y afectivas de las viviendas ha inhibido el desarrollo de una comprensión ontològica de los ambientes domésticos.
En suma, este artículo pide y propone una redefinición y una diversificación de la investigación actual sobre los interiores de las casas. Ha expuesto y aclarado ciertos principios teóricos y metodológicos para el análisis de ambientes domésticos. En su totalidad, la discusión anterior enseña que los ambientes hogareños son como un tejido sin costuras de consideraciones afectivas y espaciales que forman un conjunto interactivo. Por esta razón fundamental no se pueden utilizar «modelos» predeterminados de la disposición de muebles y pautas de actividades (adoptados con frecuencia en la práctica moderna de la construcción de viviendas) como recursos de diseño, porque representan mal la naturaleza intrínseca de la vida doméstica. El conocimiento y la información sobre el diseño, significado y uso de las casas solamente se puede derivar de un modo relativo (y no absoluto) de la vida doméstica. Tal modelo permite que el análisis de los interiores de las casas y la vida doméstica sea considerado desde tres puntos de vista complementarios:
 
1.   En términos de la reacción del residente con respecto a lo que ha sido calificado o positiva o negativamente en sus residencias anteriores o actuales.
2.   En términos de la interacción entre diferentes miembros del hogar, quienes no comparten necesariamente tas mismas aspiraciones y los mismos valores acerca del diseño de una nueva casa.
3.   En términos de la generación de nuevas ideas y nuevos valores acerca de las casas y de la vida del hogar, específicamente para conseguir ciertas metas.
 
Desde cada una de estas perspectivas, un análisis ontológico de los interiores de las casas puede enriquecer el entendimiento actual de la naturaleza del espacio doméstico y de la vida del hogar.





Sobre l'autor



J. LAWRENCE RODERICK


Doctor en Arquitectura per la Universitat d'Adelaida, South Australia. Autor de Le seuil franchi: logement populaire et vie quotidienne en Suisse romande, 1860-1960(1986) i Housing, Dwellings and Homes: Design Theory, Research and Practice .






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