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DISSENY, TECNOLOGIA, COMUNICACIÓ, CULTURA,
2000
La televisión: ¿una ventana abierta al mundo?La presencia de la mujer en los noticiarios televisivos1
Millones de ciudadanos conocen la actualidad, opinan y actúan políticamente
a través de su experiencia mediática de la misma. La televisión se ha
convertido en una forma de mediación entre una realidad demasiado compleja para
ser conocida en su totalidad y un ciudadano que no está en disposición de
conocerla socialmente por experiencia directa y organizada. El noticiario
televisivo es el mejor ejemplo de esta función de mediación y actúa como una
forma de presentación de la actualidad en la que los actores sociales, las
instituciones y los colectivos sociales tienen una vía de acceso directo a la
esfera pública.
Este artículo pretende ser una reflexión sobre la función de mediación del
noticiario televisivo, en el marco de una cultura audiovisual dominante, y
ofrece un análisis de caso: la representación de los géneros femenino y
masculino en el discurso de actualidad del noticiario televisivo.
Televisión y cultura audiovisual: una
representación hegemónica de la
realidad
Al terminar el siglo XX nos esforzamos en pensar, o quizás sería más
adecuado afirmar que nos esforzamos en reconsiderar, la cultura de nuestros
días. En el transcurso de todo el siglo, el debate y la crítica sobre nuestra
cultura han sido una necesidad del pensamiento occidental ante una realidad
constantemente en cambio, en la cual el sistema cultural ha experimentado un
proceso continuo de diversificación en varios niveles, en proceso de
competición y suplantación, en el marco de un conjunto acelerado de mutaciones
de su contexto histórico. El sistema cultural ha sido un sistema inestable en
el que los grandes problemas continúan abiertos sin respuestas definitivas, y
en el que el debate se ha situado más en los interrogantes que en la valoración
de soluciones definitivas vinculadas a épocas culturales estables.
En los últimos años, el interés de la mayor parte de los analistas se ha
centrado en dos áreas de debate: la cultura audiovisual y las tecnologías
digitales. Si la cultura ha sido un mirador privilegiado para contemplar y
debatir nuestra sociedad, la que hemos heredado y la que estamos
protagonizando, la cultura audiovisual y la mutación progresiva, pero radical,
provocada por la tecnología de la sociedad de la información, se han convertido
también en miradores privilegiados desde los que contemplar a los principales
actores culturales actuales, al mismo tiempo que protagonizan sus principales
interrogantes. Todo colectivo social representado a través de actores
individuales, de grupos sociales o de instituciones tiene en estas dos formas
de cultura un reto esencial para expresarse socialmente y proyectarse en la
esfera pública.
La cultura audiovisual, como forma más consolidada de producción cultural y
con públicos más universales, se ha transformado en un sistema cultural de
primera magnitud que refleja la posición de estos colectivos sociales en un
imaginario ampliamente compartido. La cultura audiovisual se encuentra asociada
a la industria de la cultura, pero forma parte de un sistema cultural visual
más genérico, al que los medios de comunicación se añaden con sus formas
particulares de expresión, y, a su vez, adaptando y transformando otros
referentes culturales. La cultura audiovisual es un referente necesario para
pensar nuestra sociedad, ya que ha dado lugar a un marco de construcción de las
representaciones de las experiencias sociales a través de todo tipo de
lenguajes. Este marco de construcción de representaciones es un referente para
la producción de los imaginarios colectivos y de las conciencias individuales.
En la cultura audiovisual, y preferentemente a través de los medios de
comunicación, el público puede ver cómo una determinada industria cultural y sus
profesionales los representan socialmente, ya que no pueden expresarse
públicamente sin esta mediación institucional. En este sentido, podemos afirmar
que algunos colectivos y algunas identidades sociales e individuales que quedan
excluidas de la cultura audiovisual se representan como marginales o externos a
la generalidad cultural, iniciando un proceso de distanciamiento respecto a la
estera pública, a modo de un proceso de extinción progresiva. En sentido
contrario, el dominio del sector audiovisual abre las puertas hacia una
hegemonía social prevalente.
De forma breve podemos llegar a una primera propuesta: también se puede
entender la cultura audiovisual como una forma relevante de mediación social
que establece relaciones de dominio, en tanto que forma de representación y de
presencia cultural, entre los actores que actúan y se relacionan socialmente.
Esta perspectiva nos permite divisar la importancia actual del estudio de
cómo las clases sociales, las instituciones, las identidades de grupos y
colectivos son representadas mediática y audiovisualmente. Desde esta
perspectiva, podemos disfrutar de una mirada estratégica que nos permite
analizar la relación que se establece entre la cultura audiovisual y lo que es
socialmente activo o lo que puede quedar excluido. El concepto de mediación se
torna en este momento en un componente central de reflexión cultural.
La televisión: una mediación entre la realidad y
los ciudadanos
Una de las principales áreas de desarrollo de la investigación comunicativa actual es el estudio de la mediación que los medios de comunicación establecen entre la realidad y los ciudadanos. La investigación parte desde una perspectiva general en el conjunto de la investigación comunicativa actual: los medios de comunicación, y preferentemente la televisión, se han convertido en una institución central (una institución de instituciones) en la actual configuración del sistema social, ya que son el único mecanismo de mediación entre los ciudadanos que necesitan conocer su entorno social y una realidad social progresivamente más compleja. Los noticiarios televisivos se han convertido en el agente más poderoso de esta acción de representación de la realidad social y el punto privilegiado de encuentro entre el ciudadano y la representación social de la realidad. La televisión, y los noticiarios televisivos, han sido objeto de un intenso
y constante debate destinado a averiguar qué influencia social tienen y cuál el
alcance de su intervención en la política, en la representación de la
actualidad, en la formación de la opinión pública y de la cultura de nuestros
días. El debate se ha centrado sobre todo en la perspectiva de los efectos de
la televisión sobre la sociedad y en los estudios de la recepción por parte de
las audiencias televisivas. Para comprender la función social de la televisión
es necesario tener en cuenta dos factores: la gente utiliza la televisión según
sus necesidades y según sus expectativas (motivaciones, finalidades,
actitudes), pero como usuarios deben someterse a los límites de la oferta televisiva
(los modelos y formatos de la televisión). Es decir, los usos sociales de la
televisión, como los del resto de los medios de comunicación, tienen su origen
en el sistema social, pero establecen sus límites en el sistema comunicativo.
Esta relación dialógica entre necesidades y oferta da lugar a una de las
funciones más características de la comunicación de masas que se sitúa en las
propias raíces de lo que hace la gente con la televisión: la mediación. Por mediación se entiende la función de complementariedad
que cumplen los medios de comunicación, por la cual la audiencia tiene acceso a
unos conocimientos sociales y a unos comportamientos culturales que no puede
obtener por experiencia directa, pero que le son necesarios para llevara cabo
la pluralidad de las actividades cotidianas. El ciudadano de hoy en día, para
ejercer su condición, no dispone de libre acceso a las instituciones políticas
ni a mecanismos de formación de las opiniones mayoritarias: es necesario
utilizar los medios de comunicación para tener un conocimiento constante de la
evolución del discurso político y para fundamentar una actitud cívica activa.
Esta nueva forma de representación mediada fue descrita por primera vez en
los años 20 por el periodista y psicólogo social norteamericano Walter Lippmann.
En su conocida obra Public Opinión2
nos propone considerar el discurso periodístico como una representación de una
pseudorealidad que se sitúa entre la realidad y el ciudadano. La actualidad
informativa, con sus propias palabras, está formada por «ficciones, pero por
ficciones no entiendo mentiras»3.
La mediación permite a los ciudadanos adaptarse a la compleja realidad de
nuestra sociedad haciendo de los medios de comunicación un instrumento que
permite a «esta misma criatura inventar formas de ver lo que el ojo no puede
ver, escuchar lo que no escuchan nuestras orejas, pensar masas inmensas e
infinitesimales, explicar y separar más asuntos de los que es capaz de
recordar. Poco a poco se construye dentro de su cabeza una especie de imagen
del mundo que queda fuera de su alcance»4. Desde esta perspectiva,
la creación de un pseudoentorno -llamado ahora mediación- implica representar
la realidad a través de formatos mediáticos, y por medio de la representación
se llega a construir la realidad social. La televisión, y el noticiario
televisivo, son un exponente principal de esta lógica de los medios de
comunicación: lo representado no refleja la realidad tal y como es, sino que la
construye según el modo en que un grupo profesional y unos medios de
comunicación seleccionan y tratan segmentos de la realidad que llegan al público
en formatos que le son preconocidos. En el noticiario televisivo es necesario
tener en cuenta que estamos ante una ventana abierta al mundo, pero con unas
dimensiones determinadas; es decir, el mundo quedará representado en función
del tiempo, las cadencias, las formas de representación y los géneros, así como
a través de las rutinas de selección del grupo profesional que lo lleva a cabo.
Desde esta perspectiva, la frase de McLuhan según la cual el médium es el
mensaje adquiere una dimensión adicional (el canal más el formato televisivo)
que da una nueva luz a la comprensión de la función de mediación.
La presencia de los géneros en la información
televisiva
Un ejemplo de la función de mediación (1). Breves
apuntes sobre la investigación internacional
El estudio de la representación de los géneros femenino y masculino en el conjunto de la investigación sobre los medios de comunicación ha dado origen a una extensa producción de análisis y de investigación, a pesar de haberse iniciado muy recientemente. Los años 70 protagonizaron los primeros estudios y su incremento ha sido constante hasta ahora. En primer lugar, podemos identificar un conjunto de dilemas claves que han
experimentado y diferenciado las investigaciones científicas en el estudio de
los medios de comunicación y del género, con especial énfasis en la mujer y la
feminidad. Respecto al tipo de medios, se han centrado básicamente en el cine,
las revistas de mujeres y la literatura popular. La construcción social y
cultural del género se ha convertido también en una de las problemáticas con
mayor fuerza en los análisis de la televisión. De manera muy destacable, los
estudios culturales han asumido la teorización sobre el género como una de sus
máximas prioridades, hasta el punto de constituirla en un componente central en
sus análisis de recepción televisiva.
A su vez, las teorías feministas han contribuido decisivamente en el
progreso continuado en la conceptualización en torno a las discriminaciones por
género. Concretamente en el campo de la televisión, podemos discernir unas
fases generales en las que, primeramente, se insiste en la infravaloración de
la mujer tal y como está representada en pantalla (años 70); en segundo lugar,
las identificaciones feministas resistentes con determinados tipos de programas
«de mujeres», especialmente las telenovelas (años 80); para, finalmente, tender
hacia la problematización de las categorías cerradas que no permiten abarcar la
pluralidad de identidades que configuran la feminidad, la mujer y el
conocimiento que se puede derivar de éstas (años 40).
El estudio de los géneros femenino y masculino se ha centrado en el
análisis de las relaciones que se establecen entre las audiencias y el médium
televisivo. En este sentido, se han establecido tres niveles analíticos según
el grado de generalidad en su aproximación: el primero hace referencia al
médium como tal y se ocupa básicamente de las especificidades de las experiencias
personales de apropiación y de los rasgos interactivos propios de la televisión
como medio de comunicación; en segundo lugar, existen las investigaciones que
se centran en la configuración de los contenidos televisivos enmarcados en la
teoría de los géneros, o fórmulas convencionales de reconocimiento y
diferenciación (programas de ficción, de entretenimiento, de información); por
último, la estrategia de acercarse a los productos audiovisuales concretos
posibilita la profundización en las prácticas puntuales de recepción, habiendo
entrado previamente en las formas con las que los contenidos son organizados,
seleccionados y presentados.
Las identidades de género no son unitarias ni fijas, sino que están sujetas
a la variación histórica, social y cultural. En consecuencia, es necesario
analizar el papel de los sistemas de representación en la conformación de las
características de la masculinidad y de la feminidad tal y como las
experimentan los hombres y las mujeres. Se trata de acercarse a una lectura de
la significación de las versiones acerca del género codificadas desde el
imaginario mediático sobre los «nuevos hombres» o las variantes de la «mujer».
Por lo tanto, es preciso no menospreciar la pluralidad de las masculinidades y
las feminidades.
Algunas aportaciones sobre la construcción de la masculinidad, aunque
escasas, se constituyen como contrapunto interesante al definir los contenidos
televisivos típicamente masculinos a través de los programas «para hombres». En
este marco, podríamos poner como ejemplo paradigmático los noticiarios
televisivos y los programas de actualidad, o, desde la ficción, los productos
de acción, de sexo explícito y de violencia (Rose, l986; Nixon, 1997).
En el conjunto de los estudios sobre la representación de los colectivos
sociales en la información televisiva, la presencia de los géneros se ha
convertido en un ámbito de estudio y de reflexión de primera magnitud.
La representación de las mujeres en los programas de actualidad y,
particularmente, en los noticiarios televisivos ha sido investigada según si
sus apariciones eran como conductoras, como reporteras o como sujetos de las
noticias. En primer lugar, es necesario partir de la división por género de los
programas factuales masculinos, por un lado, y los programas de ficción
femeninos, por otro. Otro motivo que refuerza esta división es que las noticias
no proporcionan informaciones a las mujeres que les permitan aplicar
significativamente conocimientos próximos a sus experiencias cotidianas. Eso
explicaría su falta de interés por estos programas. Morley (1988) demuestra
cómo las mujeres prefieren las noticias locales, que siguen mucho más
atentamente, porque las consideran más próximas. Por otro lado, Jensen (1986)
observa que los hombres obtienen legitimación de los noticiarios televisivos
porque son una oportunidad para refrendar sus sentimientos de pertenencia a un
orden social establecido. Por el contrario, las mujeres se sienten excluidas de
este orden social dominante y evitan mayoritariamente el seguimiento de programas
«serios» de actualidad e informativos (Holopainen, 1984; Thoveron, 1987)
Las perspectivas feministas han manifestado un creciente interés por las
relaciones de la mujer con el periodismo de actualidad y, más globalmente, con
el mundo de la esfera pública. Tradicionalmente, las noticias y lo que las
rodea han sido consideradas por la crítica feminista como ajenas a los
intereses sociales y políticos de la mayoría de las mujeres. Si bien
constatamos que las formas televisivas de la actualidad se alejan de los
parámetros de estilo de las mujeres, a lo largo de los años 90 se han planteado
ciertas transformaciones que deben ser analizadas.
Uno de los ámbitos más innovadores ha sido la creciente incorporación de la
mujer a las redacciones de los noticiarios televisivos, los cuales también han
incorporado un proceso de intimación de sus contenidos.5 Estas
aparentes transformaciones en un terreno dominado por hombres ponen de
manifiesto una lucha entre las teóricas feministas por evaluar cuál puede ser
la participación de las mujeres en estas nuevas tareas. Obviamente, las cadenas
de televisión no pueden responsabilizarse de los bajos perfiles de mujeres que
aparecen en el mundo industrial, político, deportivo y económico. Quizá la
lectura de las noticias por una mujer remarca aún más su exclusión como sujetos
de las noticias y su intervención marginal en la esfera pública.
Para la mujer, tener la oportunidad de asumir una voz de autoridad como
conductoras de los noticiarios puede convertirse en un modo secundario de
participar como invitadas, en una representación meramente decorativa en el
discurso de la actualidad. Esta mayor visibilidad de las mujeres como
reporteras y conductoras de los noticiarios televisivos puede leerse también
como un intento de incorporarlas a la esfera pública bajo las condiciones
existentes marcadas por los hombres; o puede interpretarse, en cambio, como que
las mujeres deberían defender sus propios valores e insistir en las diferencias
en relación con los hombres. Este dilema confronta versiones feministas
diversas en cuanto a si se debe participar en una esfera pública burguesa y
sexista o si, por el contrario, habría que replantear las aportaciones
femeninas desde una filosofía más particularista y contextual de la vida
pública (Holland, 1987).
¿Tiene la mujer alguna posibilidad de intervención a la hora de configurar
una manera diferente y particular de organizar y transmitir las noticias? El
estudio detallado del proceso de intimación de los noticiarios televisivos
holandeses pone de manifiesto cómo algunos de los valores propios de la esfera
privada han sido transferidos a la esfera pública de las noticias
convencionales. No obstante, la comprobación en el ámbito de la recepción es
todavía una incógnita. La forma en que las mujeres provenientes de contextos
sociales y culturales diversos, con unas predisposiciones intelectuales y
políticas diferentes, se dirigen a los noticiarios televisivos, que presentan
nuevas tendencias de puesta en escena, sólo puede explicarse si se reconoce la
creciente heterogeneidad de la mujer como categoría social y cultural.
Por lo tanto, es dificultoso proponer un modelo feminista universal como
norma para la vida pública. A pesar de ello, las reorientaciones continuas en
el campo de los discursos públicos hacen emerger la cuestión del género y de la
diferencia como puntos básicos. No cabe duda de que la experiencia comunicativa
y social holandesa dista de ser comparable con la del estado español, por
ejemplo. Sin embargo, es útil constatar las polémicas direcciones que toma la
literatura académica feminista, más actual e innovadora, en cuanto a la
comprensión de las relaciones mujer-noticiarios televisivos (Zoonen, 1991;
1994).
Los retratos mediáticos no tienen correspondencia directa con las
percepciones del público sobre los papeles de género. Esta limitación debe
estar siempre presente en toda predicción extraída únicamente a partir de los
contenidos televisivos. Ello provoca que las metodologías que se utilicen en
los descubrimientos sobre los efectos de la televisión en la estereotipación de
los géneros deban ser matizadas y enmarcadas en un conjunto de otros factores
contextuales inductores.
La presencia de los géneros en la información
televisiva
Un ejemplo de la función de mediación (2). Un
análisis de caso: la presencia de la mujer en cuatro noticiarios televisivos
La representación de la mujer como actor social que protagoniza la actualidad informativa tiene en el noticiario televisivo un elemento central en su proceso de proyección hacia la opinión pública. A continuación presentamos algunos resultados del estudio aplicado a una muestra de cuatro noticiarios de noche correspondientes a dos canales televisivos públicos y dos privados: Televisión Española (TVE-1), Televisió de Catalunya (TV3), Antena 3 y Tele 5, analizados a lo largo de diez días laborables durante dos semanas consecutivas. Una primera forma de representación: la presencia
de nombres propios
Una primera forma de representación de los géneros en el discurso de actualidad es el nombre propio. Sin comportar ningún sentido determinado nos permite, sin embargo, una primera aproximación al conjunto de actores sociales presentes en el noticiario televisivo. De forma general, el noticiario televisivo sigue una pauta presente en el conjunto de la cultura audiovisual: la realidad se representa a través de un proceso de personalización de las instituciones y los colectivos sociales conjuntamente con una dramatización de las formas discursivas. Los actores individuales anónimos y desvinculados de instituciones son prácticamente inexistentes. Dicho de otra forma, en el noticiario televisivo, los actores sociales que son protagonistas no son ni mujeres ni hombres sino, preferentemente, instituciones o élites varias (científicos, deportistas, médicos). No obstante, si observamos qué género manifiesta estas instituciones y élites sociales, podemos afirmar que la gran mayoría, de sus representantes son hombres, mientras que el género femenino queda en una posición muy secundaria. En el conjunto de mujeres que son protagonistas de la actualidad, observamos mayoritariamente una posición social alta, excepto aquellas que son testigos anónimos de sucesos de actualidad que pertenecen a otros sectores sociales. El nombre propio es el componente discursivo más presente en el discurso
del noticiario y la forma más básica de contacto con el receptor. Esta función
de contacto permite que el receptor esté atento de forma selectiva y reconozca
a los protagonistas de la actualidad en un discurso mediático que se caracteriza
por una elevada cadencia de las imágenes y de sonido. Por otro lado, el
elemento discursivo es lo que permite conseguir una cierta uniformización de la
recepción de un público masivo a modo de nexo entre receptores de todo tipo
sometidos a un mismo formato. La dramatización es el segundo elemento que
permite establecer un fácil acceso al conocimiento de los contenidos de la
actualidad informativa.
La presencia del nombre propio, sin tener en cuenta el sumario, es
relevante en el conjunto de los noticiarios, a pesar de que presenten algunas
diferencias significativas: TVE-1 (765 nombres propios), TV 3 (749), Tele 5
(634) y Antena 3 (516). La representación primaria de los géneros que se
establece en este indicador constituye un primer dato representativo de una
situación general: la media de la presencia de nombres propios de mujeres y
hombres (una vez, más excluyendo el sumario) es de un13 % para el género
femenino y de un 87% para el género masculino.
![]() Sólo en las áreas de sociedad y cultura se observan unos índices elevados
de presencia de nombres femeninos, juntamente, aunque en menor entidad, con el
área de política interior y ordinaria y en actividades del poder ejecutivo
(este último con porcentajes muy inferiores a los nombres masculinos).
De forma semejante a los titulares de la prensa escrita, los sumarios se
han convertido en la forma más primaria de percepción de la actualidad, en los
que el receptor toma contacto con los temas de actualidad que constituyen la
agenda del día. La máxima atención se produce en estos tres o cuatro minutos
que introducen las informaciones más significativas y la función de
representación más estricta. En el sumario, la desigualdad en la representación
de los géneros se incrementa respecto al resto del noticiario. Más
concretamente, la presencia de nombres masculinos es mucho más dominante en los
noticiarios de las cadenas públicas (91 % en TVE-1 y 91 % en TV3) que en las
cadenas de televisión privadas (con un 77,7% en Tele 5 y un 83% en Antena 3).
La presencia de la mujer en el sumario queda reducida a una representación
deportiva en el trofeo tenístico de Roland Garros y a la de dos ministras del
gobierno español.
La presencia de nombres propios en el conjunto del discurso de actualidad
no es homogénea en las áreas temáticas que están presentes en el noticiario
televisivo, del mismo modo que tampoco se produce una distribución semejante en
todas las cadenas de televisión que han sido sometidas a análisis. La
representación de la mujer tiene en los temas sociales su incidencia más
elevada, juntamente con el discurso sobre la actualidad de los partidos
políticos y la cultura. Se puede observar esta distribución por áreas temáticas
en la tabla 3.
Los actores sociales presentes en el noticiario
televisivo: los protagonistas de la actualidad y las secciones informativas
La representación de la realidad no tiene únicamente en el nombre propio un indicador clave. Cuando hablamos de actualidad y de opinión pública, ¿de quién hablamos y en qué secciones las encontramos? El conjunto de los actores sociales presentes en la actualidad determina cómo se produce la percepción de la realidad en cuanto a los individuos y a las instituciones, que adquieren un valor de carácter público a través de su presencia continuada en los medios de comunicación. ![]() ![]() Como hemos comentado anteriormente, los noticiarios hacen referencia a
instituciones y a una élite de la cultura, el deporte y la sociedad que son
representados a través de determinados individuos. La representación pública de
las instituciones no se refiere a su organización, composición o formas de
relación institucional, sino a determinados individuos que son representados como
parte de un discurso dramatizado en el marco general de estas instituciones.
Los protagonistas de la realidad social que acaparan la mayor parte del
discurso periodístico se concentran en ciertos actores sociales que podemos
afirmar que protagonizan la actualidad: deportes, poder ejecutivo, jefes de
estado y de gobierno, representantes de partidos políticos, sistema judicial,
fuerzas del orden público, terroristas y empresarios e instituciones
financieras. Este conjunto de actores abarca el 72,48% del discurso en TVE-1,
el 63,24% en Televisió de Catalunya-TV3, el 70% en Tele 5 y el 68% en Antena 3.
La presencia de la mujer en las secciones que forman el noticiario también
es desigual. Así, si tenemos en cuenta las secciones, según el número de las
noticias presentes, el tiempo en pantalla y el orden o situación de las
noticias en el conjunto del informativo, aquellas que constituyen el núcleo de
las informaciones de actualidad muestran un bajo índice de representación de
personajes femeninos mientras que aquellas secciones que son constantes, pero
de menor relevancia (sociedad, ciencia y tecnología, cultura, etc.) están
protagonizadas por un índice más elevado de actores sociales femeninos.
Como se puede observar en la tabla 5, a diferencia de las secciones preferentes
que conforman los noticiarios televisivos, las secciones secundarias presentan,
a grandes rasgos, una proporción de presencia femenina mucho mayor (a excepción
de los deportes, que a pesar de ser una sección secundaria tiene una
importancia creciente en el formato de los noticiarios televisivos, y donde la
inmensa mayoría del protagonismo es de los actores masculinos). La presencia de
las mujeres en algunas de estas secciones da constancia de los papeles más
comunes que suelen desempeñar en el discurso de la actualidad. Así, por
ejemplo, a menudo aparecen como protagonistas víctimas en el marco de la crónica
de sucesos, donde son vejadas y maltratadas (con una frecuencia desmesurada, a
causa de agresiones masculinas).
![]() ![]() A modo de conclusión
La conocida frase que da a la televisión la cualidad de ventana abierta al mundo sin duda ha llegado a confirmarse ampliamente. Para muchos ciudadanos, el formato del noticiario de televisión se ha convertido en su vía de acceso preferente al conocimiento del entorno social e histórico. En la pantalla se nos representa la realidad según las exigencias de un formato televisivo (minutaje, cadencia, imagen y testimonios, espectacularidad, dramatización) y las formas de selección y de tratamiento que un grupo profesional (periodistas y profesionales del audiovisual) aplica según unas determinadas rutinas. El noticiario televisivo es actualmente el instrumento más significativo de aquello que Lippmann en los años 20 identificaba como la necesidad de inventar instrumentos que nos permitan escuchar, ver y estar atentos a todo aquello que necesitamos conocer y sobre lo que hace falta opinar, pero que no podemos conocer a través de una acción personalizada u organizada. El noticiario televisivo es una ventana privilegiada que nos muestra el paisaje de la actualidad y, por tanto, uno de los instrumentos más relevantes de la actual cultura audiovisual. Pero, como hemos visto, todas las ventanas están orientadas y representan una perspectiva concreta sobre el entorno. El caso de la presencia de los géneros en la representación de la actualidad constituye un ejemplo significativo, entre otros, de esta orientación en la representación de la sociedad. De forma general, podríamos decir que los noticiarios televisivos dan una
representación de la actualidad de la que no son protagonistas ni las mujeres
ni los hombres, sino las instituciones y algunas profesiones que protagonizan
la actualidad. No estamos ante un universo masculino o femenino, sino ante un
universo institucional y de representación profesional. El deporte y los
deportistas, el ejercicio del poder ejecutivo, el sistema judicial y el sistema
de partidos, juntamente con las fuerzas de orden público, y, en menor
presencia, los sectores financieros, constituyen las instituciones que son
hegemónicas en el discurso del noticiario. En sentido contrario, la vida
cotidiana y el ciudadano en sus quehaceres diarios están prácticamente
ausentes, excepto cuando la persona anónima hace acto de presencia como testigo
en la pantalla de cualquier suceso de la actualidad.
Pero estas instituciones y profesiones se manifiestan en el noticiario a
través de personajes o actores sociales que identifican las instituciones y las
profesiones. En este elemento es donde encontramos una manifestación del género
con una clara diferenciación entre un universo masculino y un universo
femenino. La media general de presencia de protagonistas masculinos en la
representación de la actualidad es del 78%; la media general de presencia de
protagonistas femeninos en la representación de la actualidad es del 22%. En
los dos polos opuestos de la representación de acontecimientos públicos a
través de la presencia de actores sociales femeninos, se observa una escasa
representación en las secciones estatal, internacional, actualidad judicial,
economía y finanzas, mientras que la presencia más significativa se sitúa en
las secciones de sociedad, crónica de sucesos (básicamente, como víctima o
testigo anónimo), medicina y ciencias de la salud, cultura y medio ambiente. La
representación femenina se produce de forma neutra, sin valoraciones
manifiestas en sentido positivo o negativo; se da una presencia de los dos
géneros a modo de visión objetiva y profesionalizada de la realidad por parte
de los entes televisivos y de los periodistas que ejercen su profesión, pero se
presupone también una forma de presencia de los géneros que está arraigada en
la realidad social y que es objeto de la acción de los periodistas y del
noticiario televisivo.
Así pues, el análisis de los noticiarios televisivos como constructores
hegemónicos del discurso informativo provoca un conjunto de significaciones
implícitas y de estructuras tácitas a partir de las cuales se refuerza una
jerarquización determinada de la realidad social. Los formatos de los
noticiarios construyen un espacio realista que viene definido convencionalmente
por las recontextualizaciones informativas.
Ciertamente, los noticiarios construyen los discursos cotidianos de
actualidad como resultado de una práctica profesional derivada de la aplicación
de unas técnicas periodísticas determinadas diseñadas para la obtención de unos
objetivos preestablecidos (de modo figurado, podría afirmarse que los
noticiarios presentan básicamente talking
heads insertados en un flujo de
informaciones intermitentes y variadas). También, situándolos en el género de
los informativos, los noticiarios serían unas narraciones con un ritmo y un tempo
determinados que se desarrollan en el marco de una estructura fuertemente
codificada y fácilmente identificable. De todas maneras, los noticiarios son la
construcción estereotipada y jerarquizada de la actualidad, y pueden ser
estudiados por su composición, sus intencionalidades y sus representaciones.
La dimensión histórica de las noticias como forma de conocimiento determina
un sistema simbólico con su propia lógica, a través del cual ciertos aspectos
de la realidad se definen en función de unas regularidades específicas en unos
contextos de legitimidad determinados. En este sentido, el análisis textual -y
de contenido- de los mensajes se convierte en una necesidad fundamental, ya
que, a pesar de su polisemia, contiene su estructura distintiva. No cabe duda
de que la audiencia no ve meramente lo que desea, porque un noticiario es mucho
más que una ventana abierta al mundo; de hecho, se configura como un conjunto
de mecanismos significantes con una gran potencia institucional y discursiva.
A pesar de este aspecto más formal de los noticiarios, no se debe
menospreciar la vertiente ambigua, de cambio y de diferenciación constante de este
género televisivo, aparentemente tan estable. Efectivamente, los procesos de
diferenciación y de actualización permanentes de los géneros televisivos
aseguran su reproducción adaptándose a nuevos ángulos y flexibilizando las
categorías de análisis. Por este motivo, las fórmulas genéricas no son
mecánicas, sino que están sometidas a presión y transformación por las prácticas
sociales de recepción de los grupos de audiencia, constituyéndose como el resultado
de un complejo proceso de negociación y de conflicto sobre lo que se representa
y lo que se quiere decir.
A la definición abierta y polivalente de la teoría de los géneros
televisivos, debemos añadir a continuación la construcción plural de las
identidades de género. No obstante, idealmente, el caso de los noticiarios
remarca su proximidad con la teoría de la esfera pública, a partir de la cual
los ciudadanos bien informados están en disposición de participar en asuntos
públicos en el ejercicio de sus deberes democráticos (Dahlgren, 1995)
Debemos reconocer la necesidad de plantear una explicación histórica de las
actividades de interpretación, aunque no puede conseguirse sin ensayar
previamente una interpretación profundizada de los textos mediáticos objeto de
análisis. Así pues, los noticiarios televisivos como fenómeno comunicativo
están considerados como una intersección discursiva sintomática de los cambios
fundamentales (y, por extensión, de las reproducciones sistemáticas) en
relación con las estructuras masculinas y femeninas construidas a través de su
formato comunicativo.
Estas tendencias de cambio y de retuerzo constantes están inrerrelacionadas
y pueden resumirse en los siguientes puntos:
1. Los noticiarios televisivos no son una fórmula estática o inocente de construcción de la realidad informativa. Actúan como un espejo ante el cual las discriminaciones sociales de género se reflejan con mayor o menor correspondencia con la situación existente en la sociedad. 2. Los discursos de actualidad configurados por los noticiarios televisivos
tienden a ampliar el distanciamiento de los papeles otorgados a las mujeres y a
los hombres anónimos en relación con la lógica institucional prevaleciente.
Dentro de esta lógica institucional, la invisibilidad de la mujer al acercarse
a las esferas del poder (política, economía, ámbito judicial, etc.) se agudiza
muy notablemente.
3. Es perfectamente posible reconsiderar estrategias que tiendan a la
transformación de las producciones televisivas para así acercarlas a la
ciudadanía y, más concretamente, a las mujeres como colectivo que queda
discriminado en la representación y recepción de los noticiarios, alejados de
sus intereses y expectativas de identidad. Primeramente, se debería evitar caer
en la trampa habitual de interpretar la posible feminización de la información
de actualidad como una pérdida de seriedad derivada de la sustitución creciente
de las hard news hacia otras
dimensiones más soft, menospreciadas
como interiores y con menor prestigio social.
4. De hecho, la distinción tradicional por género de la esfera pública y la
privada parte de la reproducción de dicotomías falseadoras. Se deberían
arbitrar medidas de superación del sexismo existente en la cultura de género,
por el cual se privilegian actuaciones masculinas o femeninas para convertirse
en ciudadanas. Ciertamente, las posiciones de género pueden ser un punto de
partida para la actividad política, definiendo intereses e identidades varias,
pero en ningún caso deberían considerarse como el punto de llegada. En
consecuencia, se debería erradicar la división sexista público-privado,
redefiniendo las fronteras y centrándose en la articulación de espacios
discursivos capaces de entender la ciudadanía como una forma específica de
identidad articulada a través de prácticas contextualizadas.
5. Las divisiones por género de la fuerza de trabajo en las organizaciones
mediáticas plantean el dilema de si un incremento de las periodistas puede
mejorar o presentar alternativas en las formas de representación de la
feminidad. Este planteamiento presupone que las estructuras de producción
pueden modificarse según el género, y afectar así el proceso de codificación y,
en última instancia, la construcción del género en los textos mediáticos. Sin
embargo, hay que matizar: las construcciones sociales y culturales de la feminidad
y de la masculinidad no implican necesariamente una interpretación unívoca, ya
que las audiencias se apropian de la multiplicidad de significados mediáticos
de una manera activa e imprevisible según las preferencias individuales, los
condicionantes sociales, las peculiaridades culturales y las circunstancias
históricas contingentes. El hecho de reforzar la trascendencia de las
actividades de interpretación de las audiencias no resta importancia, sino que
refuerza la conveniencia de impulsar la ideación de estrategias de intervención
en la producción institucional de los distintos contenidos mediáticos.
1. Este artículo presenta algunos de los resultados obtenidos de la
investigación titulada Mujer y
televisión. La representación de la mujer en los noticiarios televisivos
llevada a cabo por tres investigadores de la Universitat Pompeu
Fabra (Jordi Farré y Enric Saperas del Departamento de Periodismo y de
Comunicación Audiovisual, y Vicenç Navarro del Departamento de Ciencias
Políticas y Sociología) financiada por el Institut Català de la Dona. Para llevar a
cabo nuestra investigación, hemos analizado una muestra de dos semanas
seleccionadas al azar y hemos analizado los noticiarios presentes de lunes a
viernes para así garantizar una homogeneidad de formatos que son propios del prime time de los días laborables. La
muestra recoge los noticiarios del 25 al 29 de mayo y del 1 al 5 de junio de
1998. Se han seleccionado dos canales públicos (TVC-TV3 y TVE-1 y dos canales
privados (Antena 3 y Tele 5), de los que se ha obtenido la muestra. En total,
se han analizado 27 horas y 35 minutos.
2. Lippmann, Walter (1922). Public
Opinion. Nueva York: The Free
Press.
3.
Ídem. Op. cit., p. 18
4.
Ídem. Op. cit., p.10
5. Zoonen, L, van (1988). «Rethinking women and the news». European Journal of Communication,3, p. 35-53.
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Sobre l'autor
JORDI FARRÉ
Llicenciat en Sociologia i en Ciències de la Informació i Periodisme. Doctor
en Ci è ncies
de la Comunicaci ó per
la Universitat Aut ò noma
de Barcelona Professor de la Universitat Pompeu Fabra.
ENRIC SAPERAS
Doctor en Filosofia. Professor de Teoria de la Comunicació al Departament de Periodisme de la UAB. Doctor
en Ci è ncies
de la Comunicaci ó per
la Universitat Aut ò noma
de Barcelona Professor de la Universitat Pompeu Fabra.
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